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27/2/11

GOZO EN EL SERVIR



Filipenses 2:1-18

Sin duda alguna tenemos infinidad de motivos para estar gozosos, en diversas circunstancias y en diferentes etapas de la vida, pero siempre puede existir un motivo para tener gozo por algo, o por alguien.

El pueblo cristiano debe tener gozo en el servir a Cristo, en obedecer y aplicar a su vida la palabra de Dios. Debe imitar la humildad de Cristo.

Pablo escribe a los Filipenses diciendo que espera en el Señor Jesús enviar pronto a Timoteo para que él también esté de buen ánimo al saber de ellos.

Puesto que Timoteo estaba con Pablo en Roma cuando estaba preso, inclusive cuando se fundó la iglesia ahí esta Timoteo con Pablo. Este joven había sido correctamente instruido en el evangelio de Cristo por su madre y su abuela. Conocido como el hijo de Pablo en la fe.

De muy buen ánimo para servir al Señor, en todo y a pesar de todos los riesgos y peligros, exponiendo su propia vida siempre con la disposición de agradar y servir a Dios. Porque no todos en la iglesia tenemos esa buena voluntad, por eso Pablo expresó que había otros que buscaban lo suyo propio sin mostrar gran interés por la obra de Dios.

Generalmente, niños, adolescentes y adultos, tendemos a imitar ciertos patrones de conducta en el mundo, sobre todo en la modernización que nos está tocando vivir, y sin duda alguna; es mucha la tendencia y facilidad para imitar lo malo y hasta se generan alianzas para este tipo de prácticas, para hacer daño a la sociedad, al prójimo.

Pero el pueblo de Dios jamás debe tomar como modelo al ser humano, y mucho menos para hacer lo incorrecto delante de Dios. El ejemplo digno de seguir y de imitar es Cristo.

El pueblo cristiano debería unirse en contra de todo aquello que pudiera destruir su integridad como nación santa, como pueblo escogido de Dios. Debemos estar en contra de todo aquello que amenaza nuestra fraternidad como cristianos. La unidad contra todo aquello que está en contra de nuestro compañerismo y amor en Cristo.

Pablo estaba contento con todo lo que le había sobrevenido y lejos de quejarse decía: “completen mi gozo”.

Dios se goza cuando su pueblo unido, todo lo hace por amor, y dice cómo es que debe trabajar una iglesia, sin contiendas, ni vanidad, previene al pueblo cristiano de cuidarse de ser alabados, o estimados más que otros, porque esto los destruye. Ante todo, debe existir la humildad. Recordemos que nuestro corazón es engañoso y nos hace sentir cosas que no son verdad, pues Dios mismo nos dice que es perverso y que solo él lo conoce. Por ello la advertencia de estimar a los demás como superiores a nosotros mismos.

Ser humilde, es tener una clara autoevaluación de nosotros mismos. Romanos 12:3.

Nadie debe tener un concepto más alto de sí que el que debe tener, y usted y yo debemos tener un claro concepto de nosotros mismos con humildad, y una característica de un cristiano así es reconocer siempre los derechos de los demás.

Todos los extremos son malos.

Una manera honesta y fiel es conocer la fuente de nuestra identidad y es Cristo quien nos da la personalidad y fuerza para que le sirvamos, y ante él nadie es más que nadie porque nos estima por igual a todos. Nos ve como personas de gran estima y valor delante de él y dignos de su servicio.

Si Dios ha permitido que tengamos cierto rasgo o grado de preparación académica, gloria a él por ello, pero que esto sirva para complementar solamente en la obra del Señor, y siempre de acuerdo a su palabra, siempre a su servicio. Porque Dios demanda de mí que mis acciones siempre sean estimadas en el bienestar de los demás.

Nos debe caracterizar como seguidores de Cristo, el pensar como él, así como Cristo pensó en usted, en mí y en la humanidad, y de tal manera nos amó que estuvo dispuesto a dejar su reino y su gloria, y venir a dar su preciosa vida en beneficio eterno. Haya pues en nosotros este mismo sentir, que hubo también en Cristo Jesús. Reflexionemos en esto: Si Cristo jamás defendió sus derechos siendo él mismo Dios, antes bien renunciando a toda su gloria y majestad, vino en defensa de nuestros derechos; ¿Porqué entonces miramos cada uno de nosotros por lo propio? Porque esto no agrada a Dios.

¿Cuál debe ser la mentalidad de un pequeño Cristo? El imitar siempre la humildad que a él le caracterizó, y quien tomó forma de siervo, y nosotros debemos tener esa mentalidad, que el único propósito por el que estamos en este mundo es para servir. Para evangelizar a propios y extraños, para compartir el evangelio glorioso de Cristo y su plan Redentor, para ir hasta lo último de la tierra y cumplir con la gran encomienda, para servir en todo tiempo, en toda circunstancia y a costa de nuestra propia vida, porque el estimarla demasiado, de nada sirve, puesto que el vivir es Cristo y el morir es completa ganancia. Pero hacerlo sin vanagloria como advierte Pablo, porque algunos predican así a Cristo, por vanagloria, pero a nosotros como cristianos genuinos, el amor por Cristo nos debe constreñir y el producir un gozo inefable el vivir para servirle

¡Qué bendición que el pueblo se arme de este pensamiento y sentir por los demás antes que por él mismo, sin contiendas ni murmuraciones. Filipenses 2:13.

Reflexión: ¿Cómo es nuestra actitud delante de Dios? ¿Servimos con gozo o con obligación?

Recuerde que nuestro estilo de vida tiene mucho que decir acerca de lo que verdaderamente existe en nuestro corazón. Y que los hechos, dicen más que los dichos.
¿Cómo es conocido usted en el contexto donde se desenvuelve?

¿Le conocen como un verdadero cristiano, como un cristiano a medias, o como uno más de los del mundo?


Que Dios nuestro Señor nos ayude a meditar y reflexionar en nuestro estilo de vida delante de Dios y de los demás, para que un día podamos presentarnos delante de nuestro Salvador como obreros aprobados sin tener nada de qué avergonzarnos.



Himno:

GOZO DA SERVIR A CRISTO

1.- Gozo da servir a Cristo
     En la vida al caminar,
     De alabanzas llena el alma
     Todo el día sin cesar.

CORO:
    Gozo tengo yo en servir a Cristo,
    Gozo que no tiene igual.
    Cada día puedo ver, que me da de su poder
    Llena mi alma de su gozo celestial.

2.- Gozo da servir a Cristo
     En la dicha o el dolor,
     Llena el alma de armonía
     Y le da santo esplendor.

3.- Gozo da servir a Cristo,
     Caminando con mi Dios,
     Es el Santo Jesucristo
     Que me guía con su voz.

4.- Gozo da servir a Cristo,
     Aunque reine oscuridad
     Pues en mi alma yo disfruto
     De divina claridad.

20/2/11

CUANDO EL MUNDO ENTRA EN LA IGLESIA



Por: Pr. Juan Hoyos

Vivimos momentos difíciles para la integridad de nuestras iglesias locales. Tenemos enemigos internos y externos muy activos. Vale recordar que nuestra lucha no es contra carne y sangre: 1ª Pedro 5:8; Efesios 6:12a.

Cuando decimos “iglesia”, nos estamos refiriendo a los creyentes, pero por extensión, también nos referimos al lugar donde nos reunimos para adorar a nuestro Dios, y es allí donde expresamos en comunión nuestras prácticas evangélicas, prácticas que basamos en la enseñanza novotestamentaria, más particularmente, en relación con la iglesia de Cristo: Efesios 2:20; 1ª Corintios 4:17; 7:17.

Sabemos que tenemos tres grandes enemigos de nuestras almas y de la iglesia el diablo, la carne y el mundo. Este último es un muy insidioso enemigo externo que ha logrado entrar en muchas iglesias evangélicas, con sus atractivos y formas que proceden del maligno, príncipe de este mundo.

Cuando decimos “mundo” nos estamos refiriendo al sistema terrenal bajo el cual Satanás ha organizado a la humanidad caída sobre sus principios opuestos a Dios, donde predominan el orgullo, el egoísmo y la ambición: Mateo 4:8–9; Efesios 2:2; 6:12, y las cosas que están en el mundo, tales como las riquezas, placeres y los honores.

El amor al mundo excluye al amor a Dios y no olvidemos que el mundo es efímero y transitorio.

El “mundo” engloba “los deseos de la carne”, ese vehemente deseo del hombre no regenerado centrado en sí mismo y opuesto a Dios: Romanos 7:18.

Los “deseos pecaminosos de los ojos”, que se refiere al imperioso apetito que domina nuestro cuerpo, alma y espíritu, a través del sentido de la vista: 2º Samuel 11:2; Josué 7:21; Salmos 119:37; “la vanagloria de la vida”, ese ostentoso despliegue de impiedad. Por lo tanto, el mundo malvado está en total contraposición con el infinitamente santo Dios.

Vemos que el “mundo” puede entrar en la iglesia por los sentidos:

Por el oído, tenemos a la música contemporánea, disfrazada con letras cristianas, con el consabido cliché: “para ganar almas”. La música del mundo ha penetrado hace ya muchos años en la iglesia, pero no es sino en estos últimos años que ha llegado a dominar e imponerse totalmente en muchas iglesias con todas sus manifestaciones de ritmo y melodía, a tal punto que los cultos se han convertido en show, con música estruendosa. Nosotros sabemos que la música no es neutral y por lo tanto, conlleva consecuencias funestas para la vida del oyente y de la iglesia.

Por los ojos, las modas, sobre todo en la vestimenta, recordemos que fue el diablo quien desnudó al hombre y a la mujer en el huerto de Edén inmediatamente después de la caída, exponiéndoles a la vergüenza: Génesis 3:7a; 2ª Corintios 5:3b. Los que elaboran los vestidos que luego se imponen como moda son reconocidos homosexuales y lesbianas, y para ellos, que siguen sus apetitos pecaminosos, no les es raro confeccionar vestidos según las órdenes de su maestro, para desnudar nuevamente al hombre y a la mujer y para confundir si identidad de género. Pero la moda no se reduce sólo al vestido, sino a casi todos los usos del hombre en su vivir cotidiano. Cuando un creyente o una creyente usa de estas cosas sin discernimiento espiritual y las usa también en la iglesia se convierte en un tropiezo, en escándalo para el evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

También el “mundo” entra en la iglesia por “la soberbia de la vida”, que se traduce en vanidad, religiosidad y tolerancia al pecado.

Sobre la vanidad, el Señor nos advierte que no debemos amar las cosas que están en el mundo, riquezas, placeres y honores. Asimismo, no olvidemos la advertencia del Señor a la iglesia de Laodicea en Apocalipsis 3:17.

El mundo ha entrado a nuestras iglesias del siglo XXI a través de la religiosidad, que es una religión externa, fría, sin frutos, sin vida, no de la experiencia de fe, de fe diaria con Dios. Ay muchos creyentes no comprometidos en nuestras iglesias, creyentes del domingo por la mañana o por la noche, que no ejercen mayordomía de sus vida ante Dios.

Muchos creyentes son tolerantes del pecado, y cuando son confrontados con sus pecados se cambian de iglesia o hacen campaña para cambiar el pastor o neutralizar al predicador.

Muchas iglesias están adoptando la manera de ser del mundo para que la gente llegue a sus reuniones, sacrificando la fidelidad a la Palabra de Dios, permitiendo de esta manera que el mundo rompa las barreras de santidad, pureza y fidelidad a Dios.

Pero hay un antídoto contra el “mundo” que todo creyente debe conocer y toda iglesia aplicarse, para no ser contaminada por ella en Colosenses 3:1–2 que dice: “Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”.

¡Buscad las cosas de arriba! ¡Poned la mira en las cosas de arriba!

Si el mundo está dominado por el orgullo, el egoísmo y la ambición y si se persigue las riquezas, los placeres y los honores, entonces, la iglesia conformada por cada verdadero cristiano, debe andar en pos del Señor, lleno del Espíritu Santo, no imitando al mundo, ni permitiéndole entrar. Debemos andar agradando a nuestro Señor en humildad, bondad, mansedumbre, amor, pureza, obediencia y santidad buscando en todo su gloria en nuestras vidas e iglesias, sólo así podremos rechazar la música del mundo, sus modas que son una expresión de la rebelión del hombre contra Dios, su religiosidad estéril y no podremos soportar ni tolerar el pecado en nuestras vidas, sino que nos esforzaremos en ser santos en toda nuestra manera de vivir: 1ª Pedro 1:14–16.

Finalmente, no olvidemos el consejo del apóstol Juan en su primera carta, capítulo 5, versículo 4.

Una fe bíblica que hará que el mundo no nos atraiga ni entre en nuestras iglesias.

Amén.

13/2/11

LAS PRUEBAS EN EL PUEBLO DE DIOS

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Bienaventurado el varón que soporta la tentación

Santiago 1:12

Dios, de la misma manera que probó a su pueblo, nos prueba o permite que las pruebas lleguen a nuestra vida, porque de esta manera conoce nuestra fe, nuestra fidelidad y nuestro amor por él y por su obra.

Las pruebas revelan lo que hay en nuestro corazón. Humanamente nos pueden medir por ejemplo la temperatura corporal por medio de un termómetro, y según los resultados será la aplicación de ciertos medicamentos para la sanidad física; pero para ver la clase de cristianos que somos, son necesarias las pruebas, y esta sería una forma de sanidad espiritual.

Dios estaba preparando al Patriarca; al padre de la nación de donde iban a emerger los grandes profetas, los grandes predicadores y los grandes maestros. El padre de quien iban a salir y cumplirse todas las promesas de Dios: Abraham.

A través de diversas pruebas Abraham fue probado, fue preparado, fue moldeado, porque así fue necesario para que se pudiera cumplir la obra redentora de Cristo en la cruz. (Hebreos 11:17).

Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia, cuando le obedeció y salió de su pueblo y de su parentela en busca de la tierra prometida, creyó a Dios cuando le dijo que de él nacería un hijo a tan avanzada edad, y creyó cuando Dios le dijo que él sería el padre de muchedumbres. (Hebreos 11:8; Romanos 4:13, 22).

Le nace Isaac, y Abraham comprende que había valido la pena el haber creído, obedecido y confiado en el autor de la vida. ¿Qué tanto confiamos nosotros en Dios y en sus promesas?

Podemos mencionar tres grandes pruebas que Dios aplicó en la vida de Abraham:

1.- DIOS PROBO SU CORAZÓN

(2 Corintios 2:9)

Dios probó a Abraham con cosas que realmente no entendía, así pasa en nosotros, y Dios sabe porqué a veces nos prueba con cosas que son muy difíciles de entender para nosotros. Dios sabe que son necesarias porque éstas van a probar nuestra fe y fidelidad, qué tan dispuestos estamos a obedecer su palabra. (2 Corintios 8:8).

Probó a Abraham con el sacrificio de su hijo Isaac. Podemos pensar quizás: ¿Acaso Abraham no pudo dudar pensando que porqué Dios le estaba quitando ahora a su único hijo, cuando se le había prometido que a través de él serían las promesas?, ¿Acaso no pudo haber pensado Abraham que probablemente a Dios se le había olvidado la promesa hecha y que siendo ya viejo no podría ver quizás cumplirse tales promesas? Seguramente al leer este pasaje podemos preguntarnos muchas cosas al respecto, pero cuando conocemos la respuesta de Abraham, podemos darnos cuenta de la magnitud de la fe y confianza que este hombre tenía en Dios. Y las circunstancias en que a veces somos probados como cristianos son porque Dios está probando nuestro corazón. (Romanos 5:1-4).

Debemos tener mucho cuidado con aquellas “filosofías cristianas” que dicen que si somos cristianos vamos a tener solamente prosperidad económica, salud, bienestar etc. Esas son mentiras disfrazadas de Satanás que actualmente están engañando y cegando a miles y miles de personas provocando que con ello vayan al infierno creyendo que siguen el evangelio de Cristo. Sería muy interesante que en verdad escudriñaran las Escrituras y de manera espiritual llegaran al verdadero discernimiento de las verdades Bíblicas inspiradas de parte de Dios.

2.- DIOS PROBÓ SU AMOR

(2 Corintios 8:24).

Dios probó la caridad de Abraham. El corazón de Abraham estaba centrado en aquel niño, en su hijo. Dios se lo estaba pidiendo en sacrificio, probando con ello el amor de Abraham.

Reconsideremos esto queridos hermanos: ¿Qué es lo que revela nuestro corazón en realidad cuando vienen las pruebas de parte de Dios a nuestras vidas?

¿Verdaderamente mi actitud y la suya son de plena confianza y de obediencia a Dios y a su palabra? ¿Nuestras acciones y pensamientos están centrados en que lo que pasa en nuestra vida cristiana es porque Dios lo permite y porque estamos seguros que todas las cosas nos ayudan a bien, y en esa confianza y seguridad descansamos? (Romanos 8:28).

¿Qué pide Dios de usted y de mí? La respuesta la conocemos, sabemos que debemos llevar mucho fruto porque en esto conocerán que verdaderamente somos sus discípulos. ¿Qué clase de fruto llevamos a los pies de Cristo?

3.- DIOS PROBÓ LA FIDELIDAD DE ABRAHAM

Cuando Dios le dijo a Abraham que en Isaac le sería llamada descendencia, y ahora estaba a punto de sacrificar ese único hijo, con esa plena confianza y amor en Dios, podemos leer a través de la Biblia que él no pronuncio una queja, una inconformidad hacia Dios por ese enorme sacrificio que le estaba demandando y eso nos muestra la confianza de Abraham hacia Él. Cuando miramos humanamente, vamos a ver lo material, nos afianzamos a ello y no nos es fácil dejarlo.

Cuando Dios habla y tenemos una base bíblica, no debemos tener miedo, solo debemos confiar y obedecer teniendo como base y sustento la palabra de Dios. Tenemos el hermoso y edificante ejemplo de Abraham.

Reflexión: Cuando Dios decidió mandar a su Hijo; era la revelación más grande que el hombre podía ver del corazón de Dios.

Dios está mirando hacia el mundo, y todo su amor y corazón hacia ustedes y hacia mí fue dado en el Señor Jesucristo. Y lo que Abraham hacía con el sacrificio de su hijo Isaac, era un presagio de que un día Dios iba a entregar a su propio Hijo, porque era la UNICA MANERA en que ustedes y yo podíamos tener acceso a la presencia de Dios. (Juan 3:16; Hechos 4:12).

¿Podemos pensar en esto? Cuando Abraham estuvo a punto de sacrificar a su único hijo, Dios estando seguro de la fidelidad de Abraham, detuvo su mano para que no lo matase. Pero… cuando Cristo fue sacrificado, no hubo quien detuviera su mano, porque en ese sacrificio estaba inmersa su salvación y la mía, y todo por el inmenso amor de Dios para con la humanidad. (Hebreos 11:17; Hebreos 12:2).

Que Dios nos ayude a reflexionar seriamente en esto. ¿Quiénes somos nosotros para que Dios en su Santidad pusiera sus ojos en nuestra miserable vida? ¿En realidad merecemos el enorme sacrificio de Cristo en la cruz dejando su gloria y su reino por venir a sufrir el más cruel de los tormentos para darnos la vida eterna? ¿No cree usted que bien vale la pena ir y compartir con otros el enorme amor de Dios y su salvación en Cristo Jesús? Dios le bendiga.

30/1/11

CARTA A LOS FILIPENSES

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I. GOZO EN EL SUFRIMIENTO Filipenses 1:1-30

Pablo escribe a los Filipenses con el propósito de agradecer el apoyo de los hermanos, todo lo que hicieron por él cuando estaba en la cárcel.

La carta se escribió alrededor del año 61 después de Cristo.

Marco histórico: Fue la primera iglesia fundada por Pablo en su primer viaje misionero al Continente Europeo.

Texto clave: Filipenses 4:4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡ Regocijaos!.

Pensamiento central de la carta: El gozo.

Lugar clave: Filipos donde había mucha gente con diferentes culturas , lo que hacía difícil mantener la unidad y estar en común acuerdo, como sucede en nuestra sociedad.

Pablo, a pesar de estar preso, estaba contento porque aun en medio de todas las adversidades es motivo para sacarse provecho y obtener las cosas buenas que serán de crecimiento y madurez en el cristiano, porque se aprende de ellas.

Aprender, madurar y ser mejores para el Señor Jesucristo, requiere de pruebas.

Esas pruebas, esas tribulaciones, debemos sobrellevarlas sin quejarnos, porque son para el progreso del evangelio. Por ello, todas las cosas que vienen a nuestra vida, son para madurar, para escalar el siguiente peldaño que nos acerca a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Pablo muestra a través de esto su madurez y convicción, basadas en la tremenda fe que tenía en Cristo.

Por tanto, las pruebas, las adversidades, las tribulaciones, son para que se haga notoria tu confianza en el Señor.

Versículo 13 "De tal manera que mis prisiones en Cristo se han hecho patentes en todo el pretorio y a todos los demás."

Dios permite ciertas tribulaciones en la vida del creyente, porque de esta manera las demás personas conocerán de Cristo, a través de esa aflicción en ti, Cristo sea conocido y vivificado. A través de esto tú te vas a dar cuenta cuán firme es tu convicción en Dios, o tal vez para que también sepas si te estás engañando a ti mismo y tu fe y confianza son pocas o casi nulas, porque dices creer y confiar en el Señor, y al momento de la prueba tu fe desmaya y flaqueas y te desanimas en tu vida espiritual.

Recuerda: “La forma en que actuamos o respondemos en dichas situaciones, refleja lo que creemos o lo que somos”.

Cada detalle, cada lucha que Dios permite en nuestra vida, lleva implícito un propósito y una oportunidad para mostrar al mundo quiénes somos y en Quién hemos creído.

Romanos 8:28 dice que a los que amamos a Dios, todas las cosas nos ayudan a bien.

En situaciones difíciles, como hijos de Dios, mostremos nuestra fe, sea o no que la situación mejore, que
nuestra fe se consolide más y más.

Santiago 1:1-4 y 1ª. de Pedro 1:6-7.

El cristiano aunque parezca imposible, debe tener por sumo gozo cuando vienen las pruebas, porque la prueba de la fe produce paciencia, y la paciencia trae consigo constancia, firmeza, solidez. Porque cuando Dios permite las cosas es siempre para bien nuestro.

Pablo dice que para los otros que anuncian otro evangelio, los motivos de sufrimiento no son normales, porque su idea es que cuando se confía en Cristo, no se tiene que padecer de nada, porque para ellos eso no es prosperidad. La Biblia nos dice todo lo contrario, es necesario padecer luchas tribulaciones, pero con el permiso de Dios porque a través de ello va a manifestarse en sus hijos y a través de ellos la fe. Dios jamás va a dejar dudas en su Palabra.

Por la oración de hermanos creyentes y la suministración del Espíritu Santo resultará en beneficio propio porque él nos consuela y nos conduce a toda verdad y esperanza en Cristo. Y esto es motivo de fortaleza, de vivificación, de redoblar esfuerzos, de edificación espiritual, porque ya sea para vida, o para muerte, Cristo estará presente y en cualquiera de estas dos circunstancias él debe ser magnificado, debe ser enaltecido.

Así como Pablo, pese a estar preso, eso fue un motivo mas que suficiente para que hermanos tomasen fuerza y ánimo, y predicasen el evangelio en todas partes.

La razón de vivir y de morir en el creyente debe ser Cristo… Dios les bendiga.

23/1/11

DIME QUE PREDICAS; Y TE DIRE QUE CRISTIANO ERES

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INTRODUCCION:

Actualmente muchos líderes sin conocimiento Bíblico, verdadero y fundamental de las Escrituras han pervertido, malversado y contaminado el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. De Tal manera que hacen falta líderes cristianos que defiendan con celo el verdadero evangelio.

Hacen falta corazones celosos del Evangelio de Jesús, que se levanten dispuestos a salir al campo de batalla y luchar contra aquellos falsos predicadores que se dedican a engañar y usar con astucia las artimañas del error haciendo que con sus falsas predicaciones miles y miles de almas sean condenadas al infierno.

Observemos cómo desde tiempos de Pablo, existió este tipo de gente tratando de adulterar la sana doctrina de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Gálatas 1:1 Los Gálatas, llamados Galos o Bárbaros, habitantes en Grecia o Asia menor habían llegado a ser presa de que exigían la observancia de la Ley anteponiendo sus falsas ideas acerca de la salvación. Y por ello Pablo les escribe una carta en donde el tema a tratar en ella es la Vindicación del evangelio por la gracia de Dios. Un evangelio libre de toda mezcla y condiciones o requisitos humanos.

Pablo habla del evangelio que debe defenderse de aquellos que lo han atacado, pervertido y calumniado.
El verdadero evangelio no debe ser malversado, adulterado o mezclado con doctrinas falsas, Dios condena a tales líderes que con sus falsas doctrinas arrastran a mucha gente a la condenación eterna y establece en su Santa Palabra que ellos ya tienen su recompensa.

Estos falsos hombres, decían que la obediencia de la fe mezclada con la Ley es base para la justificación del pecador. Esto es completamente falso, aunque tiene mucho de biblia, pero no se es salvo por ello.

Dicen también que el que persevere bajo la observancia de la Ley será salvo… ¿Entonces la salvación se pierde?... También es completamente falso, puesto que no se es salvo por lo que se hace, sino por mera gracia de Dios. Es cierto que después de ser salvos, tenemos que perfeccionar nuestra nueva vida en Cristo.

Galatas 1:1-6 Pablo aclara que es apóstol (enviado de Dios) para aquellos que estaban anunciando otro evangelio y que decían que Pablo no era apóstol ni que el evangelio que él anunciaba era verdadero. Cuando sabemos que el mismo Pablo dice que si aun un Angel del cielo viene a nosotros predicando otro evangelio el tal sea anatema, y si nosotros mismos anunciamos otro evangelio, estamos bajo la maldición de Dios. ¿No es acaso motivo suficiente para temer al Dios vivo y verdadero?.

El evangelio que prediquemos debe ser y tiene que ser conforme a la voluntad de Dios, porque la persona que busque a Cristo tiene que ser por mera necesidad de un Salvador, de la única forma que existe para ser salvo y esto es a través de Cristo.

El asunto a tratar en la misiva escrita por Pablo Gálatas 1:6-9 Dice Pablo: Estoy maravillado, (sorprendido, impactado) de que tan pronto se hayan alejado del que les llamó por haber seguido un evangelio diferente.

¿Le parece conocido o familiar esto? ¿Acaso hoy en día no existen también iglesias incluso de doctrina fundamental que están siguiendo otro evangelio? ¿Hemos de pervertir el santo evangelio? ¿También hemos de pasar por alto la Escritura que dice que todo aquel predicador que altere la sana doctrina con un evangelio diferente al que nos ha sido anunciado está bajo la maldición de Dios, (sea anatema)?. ¿Acaso no es mucho mejor el procurar ser celosos del glorioso evangelio de Jesús sin avergonzarnos jamás porque sabemos que es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree?.

El evangelio de Pablo es una revelación: ver. 10

En el Judaísmo Pablo trataba de agradar a los hombres. Pero en cuanto fue llamado por Cristo, de inmediato dejo de buscar el favor de los hombres y dando el primer lugar dándole la honra y la gloria a aquel que lo llamó. Nuestro deber delante de Dios es predicar la sana doctrina aunque con ello seamos desconocidos o despreciados por ser “legalistas” y somos menospreciados por hablar de lo que Dios abomina. Cosa que las iglesias liberales no se atreven a declarar porque tienen temor de espantar a la gente y acabar con una minima cantidad de gente que les provee de grandes ganancias económicas, lo que representa una enorme entrada de capital, porque su falso evangelio se basa en doctrinas de “prosperidad” y de “milagros” diversos que no son Bíblicos, y que por supuesto Dios condena porque nada tienen que ver con los Principios Bíblicos de Dios.

Pensemos en esto: ¿Qué había de bueno en Pablo? Nada, pues estaba en contra del Cristianismo.

¿Qué hay de bueno en nosotros? Tampoco nada, puesto que a cada momento pecamos contra Dios. Pero por cuanto le hemos sido agradables y por su gracia, nos ha llamado para salvación. Por tanto, defendamos con fuerza nuestra fe, nuestras bases en el Fundamento que es Cristo. ¿Cuáles son esas bases? GRACIA Y FE.

Somos salvos por la Gracia de Dios y salvos por la Fe en Cristo. Ese es el evangelio que debemos proclamar.

La pregunta es: ¿A qué clase de cristiano pertenece usted? ¿A aquellos que sin temor alguno solo buscan lucrar con el evangelio de Cristo adulterando y malversando buscando ganancias deshonestas predicando a la gente falsas doctrinas que no tienen ningún fundamento Bíblico?

Permitame decirle que entonces no puede llamársele cristiano, porque un seguidor de Cristo, jamás haría tal cosa por temor a Dios.

Exhortamos desde este medio, a todos los fieles de la santa doctrina Bíblica en Cristo, que ni por un momento, ni bajo ninguna circunstancia doblemos las manos para someternos a falsas doctrinas, sino que el verdadero evangelio de Cristo permanezca en nosotros hasta el fin de nuestros días, o hasta la gloriosa venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Amen.

16/1/11

MANUAL PARA TESTIFICAR (VI)

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TU TESTIMONIO CON LA LEY

Si eliges dar tu testimonio, está bien. (Esta manera de testificar puede ser muy efectiva, por ejemplo, durante la Navidad para testificar a los muy queridos de la familia porque es menos agresiva.) Sólo recuerda que debes usar la Ley y, sobre todo, no digas, “Antes de conocer a Jesús, estaba triste y no me sentía pleno ni realizado. Lo intenté todo, pero simplemente nada me hacía feliz. Entonces, le di mi corazón a Jesús y desde entonces he sido feliz.” Disculpa, eso está mal y sólo introducirá un motivo equivocado produciendo un falso convertido.

En vez de esto, empieza compartiendo algo acerca de tu vida antes detu salvación y mete la Ley como en el siguiente ejemplo (pero en tus propias palabras por supuesto): “...Entonces, alguien me mostró los Diez Mandamientos de Dios y me di cuenta que no importaba cómo yo me veía. La Ley me mostró que no sería juzgado según mi propia norma de bondad y justicia, sino según la norma de Dios. Entendí que Él me veía como un mentiroso y que todos lo mentirosos tienen su parte en el lago de fuego. Me di cuenta que había usado Su nombre precioso y santo como una palabra sucia y que Él no dará por inocente al que tomare Su nombre en vano.” De esta manera, habla de todos los
Diez mandamientos si puedes.

“Fue entonces cuando me di cuenta que iba a estar en un gran problema en el Día del Juicio y que merecía ir al infierno. Casi muero del miedo que sentía. Yo no quería ir al infierno. Es un lugar que nunca quiero experimentar. Entonces, un amigo me habló de Jesús y la cosa asombrosa que Él hizo por mí. Dos mil años atrás Él fue brutalmente azotado y golpeado. Luego, fue crucificado en una cruz y derramó Su sangre para que yo pudiera ser perdonado. ¡Asombroso! Yo había violado la Ley y Jesús pagó mi multa. Luego, Él resucitó de entre los muertos venciendo a la muerte.

“Cuando yo escuché eso caí de rodillas, confesé mis pecados con muchas lágrimas y me entregué al Señor Jesucristo. Desde entonces, he estado leyendo la Biblia porque quiero saber más y más acerca de Aquel que me ama tanto que murió por mí. Ahora sé que cuando yo muera, no seré hallado culpable porque Jesús sufrió mi castigo—Él padeció lo que yo merezco por mis pecados.”

“¡LA BIBLIA NO ES LA VERDAD!”

Esta es quizás la queja más común de los inconversos. ¿Cómo debemos responderles? Bueno, la respuesta es sencilla: Simplemente no respondemos. Es cierto.

Digamos que tú has puesto una espada de filo cortante a mi cuello y me dices que vas a decapitarme. Yo te digo, “¡Ja! ¡Yo no creo en espadas!”

Lo que yo creo no haría ninguna diferencia. Así es con la Biblia, la espada de dos filos del Espíritu Santo. A pesar de que el incrédulo dice que la Biblia no es verídica ni confiable, manéjala como siempre y déjala hacer su obra de discernimiento.

“Yo no creo que la Biblia es la verdad.”

“Yo lo sé. ¿Será inocente o culpable ante Dios?”

“Pero la Biblia contiene errores.”

“Yo sé que usted cree eso. ¿Inocente o culpable?”

“¡Pero yo no creo en la Biblia!”

“Por supuesto que no, pero supongamos que la Biblia es la verdad. ¿Inocente o culpable?”

LOS CRISTIANOS INMUNIZADOS

Oh, no. Si estás enfrentándote a alguien que asiste a una iglesia y sabe algunos versículos de la Biblia (especialmente Juan 3:16), tienes frente a ti el encuentro más difícil de todos. Contestará tus preguntas correctamente pero simplemente no vive como un cristiano. No eres su juez, sólo Dios conoce el estado de su alma, pero tú tienes todo el derecho y también la obligación de juzgar a aquellos en la iglesia que están pecando (1 Corintios 5:12-13). Aquí hay algunas preguntas que podrían revelar su nivel de fe o entendimiento.

¿Eres nacido de nuevo?

Si la persona dice que no, recuérdale que Jesús dice que un hombre tiene que nacer de nuevo para entrar en el reino de los Dios (Juan 3:3).

¿Cuándo fue la última vez que leíste tu Biblia a solas?

Si dice que fue hace algún tiempo, expresa tu preocupación. “¿Qué pensarías si tú enviaras cartas de amor a tu esposa (esposo) y ella (él) nunca tomara el tiempo para leerlas? Tú empezarías a sospechar que quizá ella (él) no está muy interesada(o) en ti. Eso es exactamente cómo Dios se siente. Él te envió 66 cartas y tú raramente las lees, ¿qué deberíamos concluir de tu amor por Él?”

¿Conoces a Jesús?

Esto realmente llega al meollo del asunto. La gente (incluyendo a los pastores) puede saberlo todo acerca de Jesús, pero no lo conoce. Recuérdale que no estás para juzgarlo, pero que estás preocupado y que la Biblia dice que deberíamos examinarnos para ver si estamos en la fe (2 Corintios 13:5).

UNA COSA MÁS

Nuestro principio es este: “La Ley para los soberbios, la gracia para los humildes”. La regla que seguimos es usar la Ley en el evangelismo para suavizar el corazón duro para recibir el evangelio. Una vez que has memorizado el ejemplo que hemos provisto, puedes incorporar tu personalidad y tu propio estilo. Esto quiere decir que no tienes que usar nuestro ejemplo palabra por palabra. Puedes cambiar las palabras y crear tu propia manera de presentar el evangelio... siempre y cuando sigue el principio fundamental y bíblico de “la Ley para los soberbios y la gracia para los humildes”.

Aquí está un ejemplo de usar la Ley:

“Hola, amigo, juguemos ‘Esta fue tu vida’. Vayamos años atrás, a su niñez. ¿Recuerdas alguna vez cuando fuiste un travieso? ¿Te llevaste un dinero que pertenecía a tus papás? Avancemos hasta los años de tu juventud. ¿Te acuerdas de alguna fantasía que tuviste de una joven? ¿Cuántas veces crees que hiciste eso? Ahora como adulto, ¿crees que Dios siempre ha sido primero en tu vida o has puesto tu carrera o el placer delante de Él?”.

Otra opción sería enfocarte en un solo pecado:

- Para un hindú, tal vez quieras pasar mucho tiempo hablando acerca de los primeros tres mandamientos.

- Para un hombre, la enseñaza de Jesús acerca de mirar a una mujer para codiciarla es muy convincente.

- Para una persona que parece tener mucho dinero, el décimo mandamiento de no codiciar puede ser significante.

- Para todos, la ingratitud (no darle gracias a Dios por todo lo bueno que hemos recibido) es muy convincente.

- Para el bocón (o la bocona) que no puede dejar de usar malas palabras, el tercer mandamiento acerca de la blasfemia puede ser exactamente lo que necesita oír.

Así que, hay muchas diferentes maneras de usar la Ley, pero el hecho es que tienes que usarla si quieres ver conversiones verdaderas. Incorpora tu propia personalidad y crea mejores ejemplos que nosotros tenemos aquí, pero por favor no pierdas el principio: “La Ley para el soberbio, la gracia para el humilde”.

Bueno, esto es todo. Si quieres escuchar algunos de estos principios en acción, puedes buscar los archivos de audio en el sitio web http://www.wayofthemasterradio.com/ y bajarlos gratuitamente. O escucha los encuentros para testificar en el CD “Terrified” (a la venta en el mismo sitio web).

Mientras que escuches, fíjate en las cinco preguntas.

Si has leído todo esto, yo quiero felicitarte y animarte. Has invertido más tiempo que la mayoría de los cristianos en tratar de equiparte para testificar. Ora mucho. Practica mucho. Y luego busca a un desconocido (porque es más fácil con un desconocido que con alguien de la familia) y a la lucha.

De nuevo, ¡bien hecho! Estás esforzándote para ser un siervo fiel y verdadero.

9/1/11

MANUAL PARA TESTIFICAR (V)

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LAS BUENAS NUEVAS

“¿Qué sabes acerca de la Semana Santa y la Pascua? Hace dos mil años, Jesucristo—Dios mismo tomó la forma de un ser humano y vino a esta tierra, nacido de una virgen. Fue golpeado y crucificado brutalmente. Déjame explicarte lo que pasó.

“Cuando azotaron a Jesús, usaron látigos hechos de tiras de cuero con vidrios quebrados, trozos de cerámica y clavos atados en los extremos. Él fue azotado al menos 39 veces. Mucha gente moriría de tal azote porque la piel, los músculos y los tendones fueron tan lastimados que sus órganos se le salían del cuerpo. Pero Jesús sobrevivió y entonces fue crucificado en una cruz donde murió de asfixia. Después, Él resucitó al tercer día venciendo a la muerte. Jesús hizo todo esto porque la Biblia dice que no hay perdón sin el derramamiento de sangre. Jesús entregó Su propia sangre para que tus pecados puedan ser perdonados.

Es así de sencillo: Tú violaste la Ley y Jesús pagó la multa.

“La gran pregunta es entonces, ¿cómo haces para recibir ese perdón?”

La mayoría dirá “orar” o “ir a confesarse”. Toma el tiempo necesario para explicarle este asunto a fondo. Aquí está cómo yo lo hago:

“Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan. Para arrepentirse tienes que dejar de hacer lo que estás haciendo, reconocer que es horriblemente malo, confesar tus pecados a Dios, pedirle perdón por ellos, apartarse de los mismos y poner su confianza (su fe) en el Señor Jesucristo. No es suficiente con sólo escuchar esto y decir ‘ya lo entiendo; creo en eso’. Aun los demonios creen y tiemblan. El mero asentimiento mental no te salva. Tienes que arrepentirte y poner toda tu confianza en Jesucristo.

“Imagina que estás en un avión y entonces el piloto hace un anuncio: ‘Señoras y señores, puedo tener su atención, por favor? En este momento, estamos volando a diez kilómetros de altura. Desafortunadamente, tengo malas noticias: Las dos turbinas de este avión han fallado. Vamos a estrellar en unos pocos minutos. De pronto, encontrarás un paracaídas debajo tu asiento. Gracias por volar con nosotros y que tengas un buen día’.

“¿Qué harías? ¿Simplemente te sentarías allí creyendo en el paracaídas? ¿Esperaría hasta el domingo y simplemente adorarías al paracaídas? ¡No! Te pondrías el paracaídas porque es tu única esperanza—tu única salvación. Esto es exactamente lo que la Biblia dice acerca de Jesús. Tienes que “vestirte del Señor Jesucristo” (Romanos 13:14). Esto es como lo haces: Busca un lugar tranquilo, arrodíllate y derrama tu corazón a Dios. Confiesa tus pecados, uno por uno. Dile que lo sientes y pídele perdón. Entonces, pon tu confianza (tu fe) en Jesucristo. Él te perdonará y te limpiará. Si haces esto, serás trasladado de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida.”

LA ORACIÓN

Como regla, yo no guío a nadie en “la oración del pecador”. No es bíblico—la Biblia nunca nos manda que lo hagamos. Si alguien que conoces comete adulterio contra su esposa, ¿lo guiarías a donde su esposa para decirle a tu amigo: "Repite después de mi: Lo siento mucho, nunca debí dormir con esa mujer"? Nunca harías tal cosa y no deberías hacerlo con un pecador.

Si alguien te dice que quiere orar en ese momento, puedes decirle: "Ora tú y luego yo oraré por ti”. No obstante, no es muy probable que la persona va a querer orar contigo porque es algo sumamente personal entre él y Dios. Piénsalo. ¿Querrías que alguien estuviera escuchando tu confesión ante Dios?

En cualquier caso, no le des a la persona la seguridad de que ya es salva—que ya tiene la salvación. Esta es obra del Espíritu Santo. Dile que lea su Biblia y que obedezca lo que lee. Con el paso de tiempo su conversión se revelará, si fue verdadera o falsa. La teología tiene que guiar nuestra metodología. Si Dios salva a alguien, Él no necesita de nuestra ayuda para “cerrar el asunto”.

LA APOLOGÉTICA

¿Qué pasa con la apologética (la defensa de nuestra fe)? ¿Deberías tratar de probar que Dios existe, refutar la evolución o mostrar que Biblia es confiable? Sí y no.

Si una persona sólo quiere discutir y pelear, no. Supongamos que estás casado. Cuando tú y tu cónyuge tienen una pelea y él o ella se acerca, tú sabes si viene con el deseo de hablar y razonar, o si sólo quiere seguir peleando. Si la persona a la cual estás testificando sólo quiere discutir, la apologética no sirve. Sin embargo, si la Ley ha suavizado su corazón y esa persona tiene un pregunta sincera, entonces (y sólo entonces), puedes contestarle con la apologética. De lo contrario,
apégate a la Ley.

Puede ser que, para ser razonable con la persona, tengas que responder a algunas preguntas que te hace—aun preguntas que te hace sólo con la intención de despistarte. Sin embargo, recuerda que no estás tratando de salvar esa persona con tus razonamientos. Estás tratando de ayudarle a entender el pecado, la justicia y el juicio por venir.

LA PREDICACIÓN DEL FUEGO DEL INFIERNO

En este momento, quizá estás pensando: “¿No es todo esto la predicación del fuego del infierno?” Escucha lo que Ray Comfort dice: Ahora santos, no estoy hablando de predicar sólo el fuego del infierno. Una predicación centrada en el fuego del infierno produce convertidos llenos de miedo. El uso de la Ley de Dios produce convertidos llenos de lágrimas. El primero viene porque quiere escapar del fuego del infierno. Pero en su corazón, cree que Dios es duro e injusto, porque la Ley no se ha usado para mostrarle la naturaleza extremadamente pecaminosa del pecado. Él no ve el infierno como su justo merecido— que él merece el infierno. Por lo tanto, no entiende ni la misericordia ni la gracia; y por esto, también le falta gratitud a Dios por Su misericordia. Y la gratitud es la motivación principal para el evangelismo. No habrá celo por evangelizar en el corazón de un falso convertido.

Pero el segundo viene sabiendo que ha pecado contra el cielo. Sabe que el ojo de Dios está en todo lugar contemplando lo bueno y lo malo, y que Dios ha visto la oscuridad así como si fuera la luz. Ha visto sus pensamientos. Si Dios, en Su santidad en el día de la ira, hiciera manifiestos los pecados secretos de su corazón, todas sus obras hechas en la oscuridad, si mostrara toda la evidencia de su culpa, Dios podría tomarlo como una cosa inmunda y lanzarlo al infierno, haciendo lo que es justo. Pero en vez de darle justicia, le ha dado misericordia. Dios ha mostrado Su amor para con él en que mientras aún era un pecador, Cristo murió por él. Él entonces cae de rodillas ante esa cruz manchada de sangre, y dice: “Oh Dios, si has hecho eso por mí, haré lo que sea por ti. Me deleito en hacer tu voluntad, oh, mi Dios. Tu Ley está escrita en mi corazón”.

Es como el hombre que sabe que tiene que atravesar la puerta de un avión a diez kilómetros de altura y enfrentar la consecuencia de violar la ley de la gravedad; él nunca se quitaría su paracaídas porque su misma vida depende de él. De igual manera, el que viene al Salvador, sabiendo que tiene que enfrentarse con un Dios santo en el día de la ira, nunca abandonará la justicia de Dios en Cristo, porque su misma vida depende de ello.

Me gusta ponerlo de esta manera a la persona a que estoy testificando: “Si alguien te diera un paracaídas para salvarte de una muerte segura, no pasarías toda tu vida con miedo de la muerte que has evitado. Pasarías tu vida agradecido hacia aquel que te dio el paracaídas. No creas en Dios sólo para evitar el infierno. Arrepiéntete y pon tu confianza (tu fe) en el Señor Jesucristo porque Él te ama tanto que dio Su vida de manera que tú y yo no tengamos que pasar la eternidad en el lago de fuego”.

EL TONO

Es imperativo que ruegues a Dios por el espíritu correcto—un buen tono y una actitud correcta—en un encuentro para testificar. En general, creo que tu actitud debería ser de compasión mezclada con alarma (inquietud y urgencia). Sé agresivo si es necesario pero no enojado ni gritando. Tu tono debería ser más como un ruego con preocupación. Tendrás mucha libertad para hablar con denuedo si estás preocupado y no enojado. Tu actitud debería ser así: “No sabes con lo que te enfrentas aquí. Dios no te necesita, tú necesitas a Dios”.

PRACTICAR

Puede que estés leyendo esto y pensando que nunca podrías recordarlo todo. No tienes que recordarlo todo. Sólo empieza memorizando las cinco preguntas y luego practica con un amigo. Así es… busca a un amigo y jueguen los roles. Te asombrará la consistencia de los encuentros para testificar. Empieza practicando y al poco tiempo lo tendrás todo asimilado. Empieza lento y practica, practica, practica. Luego, busca a un pecador y te irá muy bien.

2/1/11

MANUAL PARA TESTIFICAR (IV): «CINCO PREGUNTAS BÁSICAS PARA TESTIFICAR»

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PREGUNTA #1:
¿TE CONSIDERAS UNA BUENA PERSONA?

Esto revelará si la persona es soberbia o humilde (recuerda nuestro principio). Si dice que no (lo que es muy poco probable), examínala para saber qué quiere decir con eso. Es muy posible que sólo esté jugando o que se sienta mal por haber hecho algo malo que desilusionó a otra persona (pero no a Dios). A menos que diga “He pecado contra Dios” (Salmo 51), no es humilde. Muchos tienen remordimientos por errores que han cometido y están sufriendo las consecuencias, pero no se han arrepentido delante de Dios.

Puedes esperar que la mayoría te diga: “Soy una muy buena persona”. Eso es el orgullo, la soberbia y la auto-justificación revelándose. Ahora estás listo para usar la Ley para hacerla humilde. Así que, sigue con la segunda pregunta.

PREGUNTA #2:
¿CREES QUE HAS GUARDADO LOS DIEZ MANDAMIENTOS?

Algunos dirán que sí y otros que no. Cualquiera que sea la respuesta, tú debes decirle a la persona: “Consideremos algunos de ellos y veamos. ¿Alguna vez has mentido?”

Algunos dirán que sí, que han mentido. Otros tratarán de justificarse a sí mismos diciendo que sólo eran “mentiritas blancas”. Aun otros tratarán de negarlo totalmente. En el ultimo caso, amablemente presiona: “¿Quieres decir que nunca has dicho una mentira para engañarle a nadie… en toda tu vida?” Quizá te dirá: “Bueno, tal vez cuando era niño”.

Bueno, a Dios no se le olvidan los pecados de nuestro pasado y también la Biblia dice que, “...todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre...” (Apocalipsis 21:8).

Nota: La gente no se enoja sino que se pone sobria. Puede ser que te diga, “Yo no creo en la Biblia”. En este caso, dile, “Yo sé que no la crees”, y sigue testificándole. (¡Por supuesto no cree en la Biblia; es por esto que tú estás testificándole!) Si discute (y puede ser que lo haga) acerca de la Biblia, simplemente dile, “Yo sé que no la crees. Sólo estoy compartiendo contigo lo que la Biblia dice, ¿okay? Sigamos”.

Ahora, quieres seguir llevando a la persona por cuantos mandamientos que puedas. A mí me gusta usar todos los mandamientos que pueda. (Nota: El tercer mandamiento casi siempre afecta a la gente.) Aquí está como yo llevo a una persona a través de cada uno de los Diez Mandamientos.

El Mandamiento #1: “¿Siempre has puesto a Dios primero en tu vida?” (Probablemente te dirá que no. Si la persona trata de burlarte, simplemente sé directo con ella y no se lo permitas.) Yo explico este mandamiento así: “Dios dice que Él debería ser el principal amor de tu vida. De hecho, Jesús dijo que nuestro amor para con Dios debería ser tan grande que nuestro amor por nuestros padres, hijos, amigos e incluso nuestras propias vidas debería parecer como odio en comparación con nuestro amor para con Dios”. Alguien podría decirte, “No creo en Jesús”. Tu puedes sólo responderles, “Lo sé, sólo te estoy diciendo lo que Él dijo”.

El Mandamiento #2: “¿Alguna vez te has hecho una imagen?” (Probablemente te dirá que no.) Se lo explico así: “Bueno, ¿has proseguido al dinero más que a Dios? Entonces has hecho del dinero un ídolo. ¿Le has prestado más atención a tu carrera que a Dios? Entonces tu trabajo es un ídolo. Quizás hayas hecho un dios con el cual estás cómodo, ya sea con tus manos o con tu mente. Si tú dices, ‘Mi dios es un dios de amor y nunca enviaría a nadie al infierno. Tienes razón. Tu dios no enviaría a nadie al infierno porque no puede—tu dios no existe. Él es un producto de tu imaginación y eso se llama idolatría. Es el pecado más antiguo en la Biblia y Dios advierte que los idólatras “no heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9).

El Mandamiento #3: “¿Alguna vez has tomado el nombre de Dios en vano?” (Recuerda, algunos tratarán de burlarte, simplemente presiona un poco: “¿Quieres decir que nunca has usado Su nombre para expresar enojo o angustia?”) Una vez que confiese que ha tomado el nombre de Dios en vano, dile: “Entonces, en vez de usar otra palabra de maldición para expresar disgusto, has tomado el nombre de Aquel que te dio vida, aliento y todo lo que es preciado para ti, y lo has tirado al lodo. ¡Imagina! La gente ni siquiera usa el nombre de Hitler ni el de Sadam Hussein para jurar y, ¿tú usas el nombre del Dios Todopoderoso así? Eso se llama blasfemia y Dios promete que ‘no dará por inocente al que tomare Su nombre en vano’ (Éxodo 20:7)”.

Nota: En este momento, deberías empezar a observar algo. La persona puede empezar a callarse (cierra su boca ante la Ley, Romanos 3.19) o quizá se empiece a agitar. Fíjate en su lenguaje corporal. A menudo, en este momento las personas revelan cómo se sienten; puede ser que tiemblan o que sus ojos se ven húmedos. Eso es bueno. Continúa con los mandamientos. Si alguien se pone muy “bocón” y te falta el respeto, usa todos los mandamientos que puedas para cerrar su boca con la Ley.

El Mandamiento #4: “¿Has guardado el día de reposo?” Se lo explico así: “Dios requiere un día de cada siete y has fallado en darle lo que exige. ¿Puedo preguntarte cuántas veces has fallado en inclinar tu cabeza antes de comer y agradecer a Dios por la comida que Él te ha provisto? ¿Cuántas miles de veces has simplemente ingerido la comida sin agradecer al Proveedor?”

El Mandamiento #5: “¿Has tratado siempre a tus padres de una manera agradable a Dios?” La explicación: “Dios no olvida los pecados de nuestra juventud. La Biblia dice que la rebeldía es como el pecado de la brujería (1 Samuel 15.23)”.

El Mandamiento #6: “¿Alguna vez has matado a alguien?” (Con alivio, normalmente la persona dice que no.) “Es bueno saberlo pero, ¿alguna vez has llamado a alguien ‘tonto’, ‘estúpido’ o ‘infeliz’? La Biblia dice que si te enojas contra alguien (si lo aborreces) sin causa, has cometido homicidio en tu corazón (Mateo 5.22; 1Juan 3.15). Esto es porque Dios no simplemente juzga nuestras acciones sino también nuestros pensamientos”.

El Mandamiento #7: “¿Alguna vez has cometido adulterio?” (Otra vez, la mayoría negará haber hecho esto.) Le explico este mandamiento de esta manera: “¿Alguna vez has mirado a alguien con lujuria en tu corazón—con deseo sexual? Jesús dijo que si miras a otra persona para codiciarla, ya adulteró con ella en tu corazón (Mateo 5.28). Jesús no sólo juzga las acciones, sino que también nos juzga los pensamientos”.

El Mandamiento #8: “¿Alguna vez has robado algo?” (Muchos dirán que no.) Sigo explicándoselo: “¿Te has llevado algo—lo que sea, sin importar su valor—que no era el tuyo? Sé honesto delante de Dios.” (Si dice, “Sí, cuando era niño”, recuérdale que Dios no olvida los pecados de nuestra niñez ni los de nuestra juventud.) “Así que, Dios te ve como un ladrón.”

El Mandamiento #9: “¿Alguna vez has mentido?” Ya hemos visto este mandamiento anteriormente.

El Mandamiento #10: “¿Alguna vez has deseado/codiciado algo que no te pertenecía?” (Al llegar aquí, la Ley probablemente ya ha hecho su obra de cerrarle la boca a la persona, entonces no tendrás que pasar mucho tiempo explicándole este mandamiento.) Yo le diría algo así: “Esta es la última moneda del cofre… ¿Quién no ha deseado algo de otra persona?”

PREGUNTA #3:
¿SERÁS HALLADO INOCENTE O CULPABLE?

Digo algo así: “La Biblia dice que un día de estos vas a morir y serás juzgado por el Señor (Hebreos 9:27). En aquel tiempo, Él te juzgará por cada pensamiento, palabra y hecho (Romanos 2). En aquel día, ¿serás hallado inocente o culpable delante de Dios?”

Si la persona no ha empezado a dudar, incomodarse o burlarte, lo hará ahora porque ya percibe hacia dónde quieres ir. La mayoría dirá “inocente”, pero necesita confesar su culpa. Aquí está cómo puedes ayudarle a alguien hacer esto.

La persona dirá algo como: “Pero, yo soy una buena persona”. Tú le contestas: “Acabas de confesar que has violado Sus mandamientos. ¿Serás inocente o culpable?”

Muchos tienden a sostener su propia bondad: “Pero no he hecho esas cosas desde hace tiempo”. Contestas: “Intenta eso en una corte de justicia. ‘Juez, sé que soy culpable pero eso fue hace años.’ A él no le importará. Un buen juez te castigará sin importar cuánto tiempo ha pasado. Castigan a los criminales de guerra por delitos que cometieron hace décadas. Dios no olvida nuestros pecados y el tiempo no los perdona. Entonces, ¿inocente o culpable?”

Si todavía proclama su inocencia, intenta esto: “Digamos que colocamos en tu cerebro un chip de alta tecnología que graba cada uno de tus pensamientos, palabras y hechos. Digamos que te lo grabamos todo por un mes. Luego, llamamos a tus amigos y a tu familia, y les proyectamos en una gran pantalla lo que ese chip grabó. Eso es exactamente lo que Dios va a hacer con toda tu vida. Todos tus pensamientos van a ser revelados ante Él. Estás en graves problemas.”

Ahora, si alguien está realmente molesto y retador, eso puede ser muy bueno porque quizá sea una indicación de que la persona está asustada. (Piénsalo así: Lanza una piedra hacia un grupo de perros y el que ladra más duro es el que pegaste.) Lo ideal es que la persona te confiese su culpabilidad, pero si simplemente no se rinde, en algún momento tendrás que decirle, “Oye, estás dando vueltas sobre lo mismo, y si escucharas la voz de tu conciencia y fueras honesto, sabrías que eres culpable ante Dios. Además, esto es lo que la Biblia dice y si te llamas inocente estás llamando mentiroso a Dios”.

La mayoría dirá de mala gana algo como: “Bueno, es que no creo en Dios pero, sí, sería culpable”.

No pases a la cuarta pregunta hasta que la persona confiese su culpabilidad (o, como en el caso peor, que tú la confiesas por ella). De todos modos, cuando el asunto de la culpabilidad ya está establecido, sigue con la cuarta pregunta.

PREGUNTA #4:
¿IRÁS AL CIELO O AL INFIERNO?

“Si eres culpable ante Dios, ¿debería Él mandarte al cielo o al infierno?” Con esta pregunta, ¡que los juegos empiecen! Algunos dirán que al infierno, pero la mayoría dirá que al cielo. Entonces, obtendrás las mismas excusas que en el paso tres, o de repente descubrirás que la persona conoce más de lo que ha revelado hasta ahora. La siguiente es una típica conversación.

“Voy a ir al cielo.”

“¿De verdad? ¿Por qué?”

“Porque Dios perdona.”

“¿Y cómo funciona eso?”

(Aquí es donde las cosas pueden nublarse mucho si no estás totalmente concentrado. Casi todos han escuchado que Dios los ama o que Dios los perdonará, pero no tienen ninguna idea de cómo recibir ese perdón. De nuevo, cuando estás testificando a alguien que asiste a una iglesia, necesitas concentrarte bien, ya que son de los más duros a que vas a testificar. Han sido inmunizados al pecado. La “gracia” que han recibido les ha reducido su capacidad de reconocer su pecado.)

“Dios es perdonador.”

“Entonces, ¿me estás diciendo que Dios simplemente va a permitir que cada violador, asesino, mentiroso y fornicario entre en el cielo porque Él es perdonador?”

“Tienes que pedirle el perdón.”

“Entonces, ¿si simplemente digo ‘Lo siento’ y pido el perdón a Dios, Él va a decir ‘Ay, no te preocupes, no me importa que me hayas ofendido con tus pensamientos, palabras y hechos. ¿Qué estaba Yo pensando? Disculpa. ¡Entra en el cielo!’? ¡Jamás! Eso no funcionaría con un juez aquí en la tierra y no funcionará con Dios. Deberías sentirlo, claro. Haz violado la Ley de Dios y por esto la justicia tiene que ser satisfecha.”

Esta parte de la plática podría extenderse eternamente, así que en algún momento tienes que presionar el asunto. Si la persona se continúa resistiendo, eso es bueno porque está sintiendo la convicción de su pecado. Sin embargo, tú tienes que obtener de ella una confesión de que su destino es el infierno. De nuevo, si esa persona asiste a una iglesia, dirá cosas como “Pero, ¡fui confirmado!” o “¡Ya oré la oración!”. Si estás testificando a ese tipo de persona, puede que necesites alguno de los métodos en la sección más adelante bajo el título “El cristiano inmunizado”. Después, regresa a este cuarto paso y el asunto del su destino eterno.

Cuando la persona finalmente confiese (o cuando tienes que informarle—que debe ser el último recurso) que Dios debe mandarla al infierno, entonces continúa.

PREGUNTA #5:
¿TE PREOCUPA QUE VAS A IR AL INFIERNO?

Tienes que hacerle esta pregunta. Esto revelará si la persona tiene interés en oír las Buenas Nuevas del evangelio o no. Si un hombre o una mujer no se preocupa por el hecho de que va a ir al infierno, no tendrá ningún interés en las Buenas Nuevas. Aun más que esto, es muy posible que se mofará de las Buenas Nuevas. Se reirá de la solución porque no cree que tiene un problema.

Si la persona no expresa ninguna preocupación, no nos alejamos dejándola en su condición actual. Tenemos que pasar el tiempo necesario con ella para enseñarle acerca de la teología del infierno para tratar de despertarla.

“¿Sabes cómo es el infierno? Es un lugar de llanto y crujir de dientes, de sed sin fin y de dolor intolerable. No tiene ni piso ni fundamento (siempre tendrás la sensación de estar cayendo). Está sumamente caliente y oscuro, y durará para siempre.”

Sigue explicándoselo: “Entonces, ahora sabes que eres un enemigo de Dios en tu mente y a través de tus malas obras (Colosenses 1:21), y que Su ira está sobre ti (Juan 3:36). La Biblia dice que “horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo” (Hebreos 10:31) y que Él va a derramar Su enojo y Su ira sobre ti. ¿No entiendes que habrá tribulación y angustia para ti en aquel día? ¿No te preocupa esto?”

En este momento, tienes que usar mucho discernimiento. Si la persona dice que no, que no se preocupa, presiónale: “¿De veras? ¿No tienes miedo de Dios? ¿Tienes alguna idea de lo que estás haciendo? Te pregunto de nuevo: ¿No te preocupa esto?” Si dice que no, pero físicamente está llorando o temblando, si ha bajado la cabeza o si está visiblemente más humilde que antes, puedes moverte hacia las Buenas Nuevas. ¡Pero no antes! ¿Por qué es que este asunto es tan importante?

1. Es bíblico. Mateo 7:6 dice; “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”. ¿Quiénes son los perros y los cerdos? La Biblia de Estudio de Ginebra dice: “Los enemigos soberbios y tercos del Evangelio no son dignos que se les predique dicho Evangelio”.

El discernimiento es crucial en este momento. No debemos ser tan prontos a tildarle a cada persona que muestra un poco de resistencia como un “perro” o un “cerdo”. Sin embargo, hemos de estar dispuestos a retener las cosas santas cuando la gente es antagonista, soberbia, terca, dura, irrazonable u hostil. Recuerda, Jesús retuvo las Buenas Nuevas al hombre principal en Lucas 18 porque quería justificarse a sí mismo.

La meta aquí es doble:

• Protegerte a ti mismo (“...no sea que... se vuelvan y os despedacen”).

• No permitir que las perlas (en este instante se refiere a la muerte de Jesús en la cruz) sean pisoteadas, mofadas o escarnecidas.

Aunque es nuestro deseo predicar el Evangelio a cada persona, la realidad es que vamos a toparnos con verdaderos enemigos de la cruz. Ellos son escarnecedores y debes retener las maravillosas noticias de la salvación... pero sólo después de esforzarte a razonar con la persona acerca del pecado, de la justicia y del juicio que está por venir. Debes estar dispuesto a dejar que una persona se te vaya triste después de haberle hablado acerca de qué tan razonable es el asunto de su pecado, la justicia de Dios y juicio venidero.

2. Tiene sentido. Si el rebelde no demuestra ninguna indicación de remordimiento o temor por haber violado las leyes del Rey, ¿por qué querrás contarle acerca de la misericordia del Rey?

Piensa en este ejemplo. Un hombre le es infiel a su esposa y comete adulterio. Ella se le acerca con un deseo de perdonarle, pero su marido le dice, “No me importan para nada las consecuencias de mis acciones. No quiero estar contigo”. ¿Será que su esposa todavía va a querer ofrecerle el perdón? Yo no creo que sí. Él no ha entendido ni su culpabilidad y ni su necesidad de recibir el perdón. Así que, ofrecérselo no tendría sentido. Además, es muy probable que él se mofaría de ella por haberle ofrecido un trato tan benigno. ¡Imagina eso! Una esposa inocente, benigna y clemente le ofrece el perdón, y en cambio su marido se mofa de ella. Imagínate un Dios santo, benigno y misericordioso ofreciendo el perdón sólo para que se mofen de Él.

Es por esto que tenemos que tener mucho cuidado en este momento del encuentro con el inconverso. Queremos hallar el buen equilibrio entre ofrecerle la gracia al humilde y retener las Buenas Nuevas hasta que la persona esté abierta, humilde o silenciosa.

Si la persona no te parece preocupada o si no te confiesa su preocupación (o aun si ya está molesta o enojada), has llegado a un punto donde tendrás que decir, “Realmente siento escuchar eso. Oraré que entres en razón. Si piensas acerca de esto y cambias de opinión, o si te das cuenta de que vas a ser juzgado, puedes llamarme y podremos hablar más. O por favor busca una Biblia y lee el Evangelio Según San Juan”.

Ahora, si la persona confiesa su temor con su boca (o aun si dice que no está preocupada pero su comportamiento dice lo contrario), tienes el placer glorioso de compartir con ella la Buenas Nuevas. Aquí tienes algunas “líneas” que he hallado efectivas.

Continúa: Munual para Testificar (V)

26/12/10

MANUAL PARA TESTIFICAR (III): «CÓMO EMPEZAR UN ENCUENTRO PARA TESTIFICAR»

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Tú nunca deberías simplemente acercarse a alguien e inmediatamente empezar a hablar acerca de Jesús. En vez de esto, empieza con algo en el ámbito natural y luego cambia al sobrenatural. Habla acerca del fútbol o del clima, y luego utiliza algo de las noticias para dirigir la conversación hacia lo espiritual. Es clave que siempre estés atento e intencional en tus conversaciones. Si siempre mantienes el evangelismo en tu mente, encontrarás una manera de darle vuelta a cualquier conversación y hablar acerca de la fe.

Por ejemplo, la muerte de una persona célebre o importante siempre es una noticia grande y por esto es una buena manera de abrir una puerta para hablar de las cosas espirituales.

“¡Hola! ¿Cómo estás?”

“Muy bien, ¿y tú cómo estás?”

“Genial, gracias por preguntar. ¿Supiste que __________ (llena el espacio con el nombre de la persona muerta) acaba de morir?”

“Sí, qué mal.”

“¿Te hace reflexionar un poco y pensar en lo que nos va a pasar después de la muerte.”

“Sí, así es.”

“¿Qué crees que te va a pasar a ti después de la muerte?”

¡Bingo! Ya estás ahí. Usa cualquier noticia o simplemente dile algo que aprendiste en la iglesia esta semana. Esto te llevará directamente a un encuentro para testificar.

O puedes también intentarlo con esto.

“Hola, ¿qué tal? Qué día más bonito, ¿verdad? Lástima, porque parece que voy a estar pasando todo el día bajo techo. Tengo una reunión en la iglesia esta noche y no puedo faltar. ¿Asistes tú a alguna iglesia?”

Tal vez puedas preguntar:

“¿Piensas tú en las cosas espirituales? ¿A dónde crees que vas a ir después de la muerte”.

La gran mayoría dirá:

“Yo creo que voy a ir directamente al cielo.”

“¿Por qué?”

“Porque yo soy bastante bueno... pues, no soy tan malo para ir al otro lugar.”

Es así de sencillo, honestamente. Empieza una conversación. Está atento e intencional para darle vuelta a la conversación y hablar de las cosas espirituales.

Ahora que estás ahí, tienes que recordar estas cinco preguntas en orden, ¿okay? Y yo tengo que confesarte que la primera pregunta y la segunda son las más difíciles de hacer. No hay una manera de evitarlo. Te va a ser bien difícil hacerle a la persona estas preguntas, pero tienes que hacerlo. Mantén en mente que yo he hecho estas preguntas a miles de personas y hasta la fecha nadie me ha pegado en la nariz, ni nadie se ha ofendido. Yo te prometo que una vez que hagas estas dos primeras preguntas, estarás a salvo. Te lo prometo.

¿Listo? Ora a Dios, pídele que te dé valor y haz la primera pregunta...

Continúa: Manual para testificar (IV): «Cinco preguntas básicas para testificar»

19/12/10

MANUAL PARA TESTIFICAR (II): «¿POR QUÉ LOS “CRISTIANOS” NO SE COMPORTAN COMO CRISTIANOS?»

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La respuesta es dolorosamente obvia. Si alguien no se comporta como un cristiano, no es un cristiano (ver Santiago 1:22-25). Desafortunadamente, la iglesia está llena de personas así. Pero, ¿por qué? ¿Por qué hay tantos falsos convertidos? Porque ellos han respondido a un evangelio incompleto o a uno falso.


A muchos se les ha dicho que tienen un vacío en su corazón que sólo Jesús puede llenar, y que si tan sólo le pidieran a Jesús que entre en su corazón, Él los hará sentir llenos y completos. Este es un concepto del evangelismo moderno que recurre a las “necesidades personales”. Determina cuál es la necesidad personal de una persona, y entonces, presenta a Jesús como la respuesta a dicha necesidad. ¿Estás divorciado? Jesús te hará sentir completo. ¿Tus padres no te amaron lo suficiente? Dios quiere amarte y será tu Padre. ¿No te satisface tu dinero? Jesús sí lo hará.

Ahora, ¿hará Dios todas esas cosas? Por supuesto. Sin embargo, y esto es crucial, si una persona acepta a Jesús en su corazón sólo para sentirse completa, es un motivo equivocado y es poco probable que esa persona sea realmente salva. El vacío en el corazón de todos no es la tristeza ni la falta de realización, es la falta de justicia.

Esto es muy importante. Jesús no vino a esta tierra para entregar su vida de una manera cruel sólo para que nosotros pudiéramos estar felices. Él vino para hacernos justos. Y todos tiene que venir a Él por la misma razón—para ser hechos justos (para la justificación). Si le pedimos a Él que entre en nuestro corazón para hacernos felices, Él no entrará y nosotros no recibiremos la mera cosa que buscamos. En vez de esto, si venimos a Él humildemente (¿recuerdas nuestro principio?) buscando misericordia, Él entonces nos la dará… y además llenará ese vacío en nuestros corazones. Pero primero lo primero: Nuestra motivación para pedirle que nos salve debería ser la misericordia y no la felicidad.

¿Nos da Jesús amor, gozo, paz, paciencia, bondad, templanza, fe y dominio propio? Sí, pero sólo después de que nos hemos arrepentido y hemos puesto nuestra fe en Él. Dios nos da estos asombrosos regalos como los frutos (los resultados) de la salvación, pero no podemos y no debemos usar dichos regalos como una atracción para la salvación. Considera esto, si alguien pasa tiempo contigo sólo para obtener lo que tienes que ofrecerle (dinero, regalos, comida, servicio de lavandería), te sentirás usado, y con razón. Tú quieres que alguien pase tiempo contigo por lo que tú eres, no por lo que podrías darle. Así es con Dios. Si le seguimos sólo porque queremos Sus regalos, no es una fe aceptable. Esto es usar a Dios como nuestro plan de autorrealización.

Piensa en este ejemplo. Un grupo de hombres se rebela contra el Rey y tratan de usurpar su trono. Viven en el bosque y pasan sus días deshonrando al Rey. Sin embargo, un día el Rey decide perdonarles a estos rebeldes, y si no reciben el perdón, serán castigados.
Cuando un rebelde por naturaleza llega delante de Dios y anuncia que él está dispuesto a “aceptarlo a Él” porque quiere que Dios le dé regalos, ¿cómo crees que reacciona Dios?
El Rey manda un enviado al bosque. Cuando sus mensajeros encuentran a los rebeldes, ¿qué deben hacer? ¿Deben decirles a los rebeldes que es mucho más bonito y cómodo vivir en el castillo? ¿Deben decirles a los rebeldes que la comida del Rey es mucho mejor que la comida del bosque?

Si los mensajeros presentan cualquiera de estos dos ofrecimientos, los rebeldes bien podrían regresar al castillo y clamar, “¡Oye, Rey! ¿Dónde está la comida?” ¿Cómo reaccionaría el Rey? ¡Estaría furioso!

Cuando un rebelde por naturaleza llega delante de Dios y anuncia que él está dispuesto a “aceptarlo a Él” porque quiere que Dios le dé regalos, ¿cómo crees que reacciona Dios?

En cambio, los mensajeros del Rey deberían anunciarles a los hacedores de iniquidad: “El Rey debe sentenciarlos a muerte. Han rebelado contra Él. Ustedes han tratado de hacerse reyes. Merecen la muerte. El Rey tiene el derecho, la autoridad y el poder para poner fin a sus vidas. Pero el Rey es rico en misericordia y les ofrece el perdón hoy... si vuelven a Él con humildad, confesando sus errores y prometido su lealtad a Él”.

Así es cómo debemos estar proclamando el Evangelio. Si no lo hacemos de esta manera, sólo vamos a producir más rebeldes que no son arrepentidos ni leales, sino exigentes y desobedientes.


Para un tratamiento exhaustivo de la razón por la cual la Iglesia está llena de falsos convertidos, te recomiendo que leas el libro The Way of the Master por Ray Comfort. También, querrás leer o escuchar dos de los mejores mensajes que hay acerca del evangelismo bíblico: Hell’s Best Kept Secret (también escrito en español bajo el título: Lo que el diablo no quiere que sepas, por Ray Comfort) y True and False Conversions. Puedes conseguir todo este material en el sitio web http://www.livingwaters.com/.

EL USO DE LA LEY

Todos nosotros tenemos que venir al Salvador de la misma manera, en arrepentimiento con un corazón humilde. Todos tenemos que venir a Jesús clamando por misericordia, no por regalos. Es por esto que Jesús usó los Diez Mandamientos con el hombre principal en Lucas 18.

Jesús le dio la Ley, no porque se le olvidó temporalmente cómo una persona llega a salvarse, sino para hacer humilde al hombre y mostrarle su necesidad desesperada de limpieza. Por lo tanto, si nosotros vamos a ser testigos fieles, debemos aprender de Jesús y testificar de la misma manera que Él. En resumen, la manera en que Jesús testificó fue esta:

La Ley para el soberbio y la gracia para el humilde.

Si una persona es verdaderamente humilde—en otras palabras, comprende que ha violado los Diez Mandamientos de Dios y que merece Su ira (el castigo)—entonces, dale la gracia (como Jesús lo hizo con el humilde Nicodemo en Juan 3:16). Pero si la persona es soberbia y orgullosa, y casi siempre la gente lo es, debemos usar la Ley (los Diez Mandamientos) para hacerla humilde. Este es el propósito de la Ley.


"De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe." Gálatas 3:24.

Charles Spurgeon dijo: “Ellos nunca aceptarán la gracia hasta que tiemblen ante una ley justa y perfecta”.


El Salmo 19:7 lo dice claramente: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. Pablo dijo: “Yo no conocí el pecado sino por la ley” (Romanos 7:7). Si una persona no comprende la pecaminosidad excesiva de su propio pecado, no comprenderá qué tan asombrosa es la gracia. Si nosotros creemos que sólo tenemos un poquito de pecado, igualmente tendremos un poquito de gracia. Pero cuando comprendamos lo grotescamente pecaminosos que somos—cuando nos demos cuenta de que hemos ofendido a Dios en pensamiento, palabra y hecho—sólo entonces caeremos a Sus pies en adoración porque “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

En vez de manipular a las personas para que vengan a Jesús prometiéndoles que su vida será mejor si sólo dicen una oración, debemos usar la ley como un ayo (un educador, un guía; Gálatas 3:24), para traerlos humildes a la cruz del Calvario donde podrán clamar por misericordia, y donde podrán recibirla por gracia.

Aquí están los cincos pasos (las cinco preguntas) para testificar como Jesús. Apréndelos de memoria y estarás equipado para testificar con confianza y traer a alguien al arrepentimiento de sus pecados y a la fe salvadora en el Señor Jesucristo.

Continúa: Manual para testificar (III): «Cómo empezar un encuentro para testificar»