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30/1/11

CARTA A LOS FILIPENSES

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I. GOZO EN EL SUFRIMIENTO Filipenses 1:1-30

Pablo escribe a los Filipenses con el propósito de agradecer el apoyo de los hermanos, todo lo que hicieron por él cuando estaba en la cárcel.

La carta se escribió alrededor del año 61 después de Cristo.

Marco histórico: Fue la primera iglesia fundada por Pablo en su primer viaje misionero al Continente Europeo.

Texto clave: Filipenses 4:4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡ Regocijaos!.

Pensamiento central de la carta: El gozo.

Lugar clave: Filipos donde había mucha gente con diferentes culturas , lo que hacía difícil mantener la unidad y estar en común acuerdo, como sucede en nuestra sociedad.

Pablo, a pesar de estar preso, estaba contento porque aun en medio de todas las adversidades es motivo para sacarse provecho y obtener las cosas buenas que serán de crecimiento y madurez en el cristiano, porque se aprende de ellas.

Aprender, madurar y ser mejores para el Señor Jesucristo, requiere de pruebas.

Esas pruebas, esas tribulaciones, debemos sobrellevarlas sin quejarnos, porque son para el progreso del evangelio. Por ello, todas las cosas que vienen a nuestra vida, son para madurar, para escalar el siguiente peldaño que nos acerca a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Pablo muestra a través de esto su madurez y convicción, basadas en la tremenda fe que tenía en Cristo.

Por tanto, las pruebas, las adversidades, las tribulaciones, son para que se haga notoria tu confianza en el Señor.

Versículo 13 "De tal manera que mis prisiones en Cristo se han hecho patentes en todo el pretorio y a todos los demás."

Dios permite ciertas tribulaciones en la vida del creyente, porque de esta manera las demás personas conocerán de Cristo, a través de esa aflicción en ti, Cristo sea conocido y vivificado. A través de esto tú te vas a dar cuenta cuán firme es tu convicción en Dios, o tal vez para que también sepas si te estás engañando a ti mismo y tu fe y confianza son pocas o casi nulas, porque dices creer y confiar en el Señor, y al momento de la prueba tu fe desmaya y flaqueas y te desanimas en tu vida espiritual.

Recuerda: “La forma en que actuamos o respondemos en dichas situaciones, refleja lo que creemos o lo que somos”.

Cada detalle, cada lucha que Dios permite en nuestra vida, lleva implícito un propósito y una oportunidad para mostrar al mundo quiénes somos y en Quién hemos creído.

Romanos 8:28 dice que a los que amamos a Dios, todas las cosas nos ayudan a bien.

En situaciones difíciles, como hijos de Dios, mostremos nuestra fe, sea o no que la situación mejore, que
nuestra fe se consolide más y más.

Santiago 1:1-4 y 1ª. de Pedro 1:6-7.

El cristiano aunque parezca imposible, debe tener por sumo gozo cuando vienen las pruebas, porque la prueba de la fe produce paciencia, y la paciencia trae consigo constancia, firmeza, solidez. Porque cuando Dios permite las cosas es siempre para bien nuestro.

Pablo dice que para los otros que anuncian otro evangelio, los motivos de sufrimiento no son normales, porque su idea es que cuando se confía en Cristo, no se tiene que padecer de nada, porque para ellos eso no es prosperidad. La Biblia nos dice todo lo contrario, es necesario padecer luchas tribulaciones, pero con el permiso de Dios porque a través de ello va a manifestarse en sus hijos y a través de ellos la fe. Dios jamás va a dejar dudas en su Palabra.

Por la oración de hermanos creyentes y la suministración del Espíritu Santo resultará en beneficio propio porque él nos consuela y nos conduce a toda verdad y esperanza en Cristo. Y esto es motivo de fortaleza, de vivificación, de redoblar esfuerzos, de edificación espiritual, porque ya sea para vida, o para muerte, Cristo estará presente y en cualquiera de estas dos circunstancias él debe ser magnificado, debe ser enaltecido.

Así como Pablo, pese a estar preso, eso fue un motivo mas que suficiente para que hermanos tomasen fuerza y ánimo, y predicasen el evangelio en todas partes.

La razón de vivir y de morir en el creyente debe ser Cristo… Dios les bendiga.

23/1/11

DIME QUE PREDICAS; Y TE DIRE QUE CRISTIANO ERES

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INTRODUCCION:

Actualmente muchos líderes sin conocimiento Bíblico, verdadero y fundamental de las Escrituras han pervertido, malversado y contaminado el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. De Tal manera que hacen falta líderes cristianos que defiendan con celo el verdadero evangelio.

Hacen falta corazones celosos del Evangelio de Jesús, que se levanten dispuestos a salir al campo de batalla y luchar contra aquellos falsos predicadores que se dedican a engañar y usar con astucia las artimañas del error haciendo que con sus falsas predicaciones miles y miles de almas sean condenadas al infierno.

Observemos cómo desde tiempos de Pablo, existió este tipo de gente tratando de adulterar la sana doctrina de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Gálatas 1:1 Los Gálatas, llamados Galos o Bárbaros, habitantes en Grecia o Asia menor habían llegado a ser presa de que exigían la observancia de la Ley anteponiendo sus falsas ideas acerca de la salvación. Y por ello Pablo les escribe una carta en donde el tema a tratar en ella es la Vindicación del evangelio por la gracia de Dios. Un evangelio libre de toda mezcla y condiciones o requisitos humanos.

Pablo habla del evangelio que debe defenderse de aquellos que lo han atacado, pervertido y calumniado.
El verdadero evangelio no debe ser malversado, adulterado o mezclado con doctrinas falsas, Dios condena a tales líderes que con sus falsas doctrinas arrastran a mucha gente a la condenación eterna y establece en su Santa Palabra que ellos ya tienen su recompensa.

Estos falsos hombres, decían que la obediencia de la fe mezclada con la Ley es base para la justificación del pecador. Esto es completamente falso, aunque tiene mucho de biblia, pero no se es salvo por ello.

Dicen también que el que persevere bajo la observancia de la Ley será salvo… ¿Entonces la salvación se pierde?... También es completamente falso, puesto que no se es salvo por lo que se hace, sino por mera gracia de Dios. Es cierto que después de ser salvos, tenemos que perfeccionar nuestra nueva vida en Cristo.

Galatas 1:1-6 Pablo aclara que es apóstol (enviado de Dios) para aquellos que estaban anunciando otro evangelio y que decían que Pablo no era apóstol ni que el evangelio que él anunciaba era verdadero. Cuando sabemos que el mismo Pablo dice que si aun un Angel del cielo viene a nosotros predicando otro evangelio el tal sea anatema, y si nosotros mismos anunciamos otro evangelio, estamos bajo la maldición de Dios. ¿No es acaso motivo suficiente para temer al Dios vivo y verdadero?.

El evangelio que prediquemos debe ser y tiene que ser conforme a la voluntad de Dios, porque la persona que busque a Cristo tiene que ser por mera necesidad de un Salvador, de la única forma que existe para ser salvo y esto es a través de Cristo.

El asunto a tratar en la misiva escrita por Pablo Gálatas 1:6-9 Dice Pablo: Estoy maravillado, (sorprendido, impactado) de que tan pronto se hayan alejado del que les llamó por haber seguido un evangelio diferente.

¿Le parece conocido o familiar esto? ¿Acaso hoy en día no existen también iglesias incluso de doctrina fundamental que están siguiendo otro evangelio? ¿Hemos de pervertir el santo evangelio? ¿También hemos de pasar por alto la Escritura que dice que todo aquel predicador que altere la sana doctrina con un evangelio diferente al que nos ha sido anunciado está bajo la maldición de Dios, (sea anatema)?. ¿Acaso no es mucho mejor el procurar ser celosos del glorioso evangelio de Jesús sin avergonzarnos jamás porque sabemos que es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree?.

El evangelio de Pablo es una revelación: ver. 10

En el Judaísmo Pablo trataba de agradar a los hombres. Pero en cuanto fue llamado por Cristo, de inmediato dejo de buscar el favor de los hombres y dando el primer lugar dándole la honra y la gloria a aquel que lo llamó. Nuestro deber delante de Dios es predicar la sana doctrina aunque con ello seamos desconocidos o despreciados por ser “legalistas” y somos menospreciados por hablar de lo que Dios abomina. Cosa que las iglesias liberales no se atreven a declarar porque tienen temor de espantar a la gente y acabar con una minima cantidad de gente que les provee de grandes ganancias económicas, lo que representa una enorme entrada de capital, porque su falso evangelio se basa en doctrinas de “prosperidad” y de “milagros” diversos que no son Bíblicos, y que por supuesto Dios condena porque nada tienen que ver con los Principios Bíblicos de Dios.

Pensemos en esto: ¿Qué había de bueno en Pablo? Nada, pues estaba en contra del Cristianismo.

¿Qué hay de bueno en nosotros? Tampoco nada, puesto que a cada momento pecamos contra Dios. Pero por cuanto le hemos sido agradables y por su gracia, nos ha llamado para salvación. Por tanto, defendamos con fuerza nuestra fe, nuestras bases en el Fundamento que es Cristo. ¿Cuáles son esas bases? GRACIA Y FE.

Somos salvos por la Gracia de Dios y salvos por la Fe en Cristo. Ese es el evangelio que debemos proclamar.

La pregunta es: ¿A qué clase de cristiano pertenece usted? ¿A aquellos que sin temor alguno solo buscan lucrar con el evangelio de Cristo adulterando y malversando buscando ganancias deshonestas predicando a la gente falsas doctrinas que no tienen ningún fundamento Bíblico?

Permitame decirle que entonces no puede llamársele cristiano, porque un seguidor de Cristo, jamás haría tal cosa por temor a Dios.

Exhortamos desde este medio, a todos los fieles de la santa doctrina Bíblica en Cristo, que ni por un momento, ni bajo ninguna circunstancia doblemos las manos para someternos a falsas doctrinas, sino que el verdadero evangelio de Cristo permanezca en nosotros hasta el fin de nuestros días, o hasta la gloriosa venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Amen.

16/1/11

MANUAL PARA TESTIFICAR (VI)

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TU TESTIMONIO CON LA LEY

Si eliges dar tu testimonio, está bien. (Esta manera de testificar puede ser muy efectiva, por ejemplo, durante la Navidad para testificar a los muy queridos de la familia porque es menos agresiva.) Sólo recuerda que debes usar la Ley y, sobre todo, no digas, “Antes de conocer a Jesús, estaba triste y no me sentía pleno ni realizado. Lo intenté todo, pero simplemente nada me hacía feliz. Entonces, le di mi corazón a Jesús y desde entonces he sido feliz.” Disculpa, eso está mal y sólo introducirá un motivo equivocado produciendo un falso convertido.

En vez de esto, empieza compartiendo algo acerca de tu vida antes detu salvación y mete la Ley como en el siguiente ejemplo (pero en tus propias palabras por supuesto): “...Entonces, alguien me mostró los Diez Mandamientos de Dios y me di cuenta que no importaba cómo yo me veía. La Ley me mostró que no sería juzgado según mi propia norma de bondad y justicia, sino según la norma de Dios. Entendí que Él me veía como un mentiroso y que todos lo mentirosos tienen su parte en el lago de fuego. Me di cuenta que había usado Su nombre precioso y santo como una palabra sucia y que Él no dará por inocente al que tomare Su nombre en vano.” De esta manera, habla de todos los
Diez mandamientos si puedes.

“Fue entonces cuando me di cuenta que iba a estar en un gran problema en el Día del Juicio y que merecía ir al infierno. Casi muero del miedo que sentía. Yo no quería ir al infierno. Es un lugar que nunca quiero experimentar. Entonces, un amigo me habló de Jesús y la cosa asombrosa que Él hizo por mí. Dos mil años atrás Él fue brutalmente azotado y golpeado. Luego, fue crucificado en una cruz y derramó Su sangre para que yo pudiera ser perdonado. ¡Asombroso! Yo había violado la Ley y Jesús pagó mi multa. Luego, Él resucitó de entre los muertos venciendo a la muerte.

“Cuando yo escuché eso caí de rodillas, confesé mis pecados con muchas lágrimas y me entregué al Señor Jesucristo. Desde entonces, he estado leyendo la Biblia porque quiero saber más y más acerca de Aquel que me ama tanto que murió por mí. Ahora sé que cuando yo muera, no seré hallado culpable porque Jesús sufrió mi castigo—Él padeció lo que yo merezco por mis pecados.”

“¡LA BIBLIA NO ES LA VERDAD!”

Esta es quizás la queja más común de los inconversos. ¿Cómo debemos responderles? Bueno, la respuesta es sencilla: Simplemente no respondemos. Es cierto.

Digamos que tú has puesto una espada de filo cortante a mi cuello y me dices que vas a decapitarme. Yo te digo, “¡Ja! ¡Yo no creo en espadas!”

Lo que yo creo no haría ninguna diferencia. Así es con la Biblia, la espada de dos filos del Espíritu Santo. A pesar de que el incrédulo dice que la Biblia no es verídica ni confiable, manéjala como siempre y déjala hacer su obra de discernimiento.

“Yo no creo que la Biblia es la verdad.”

“Yo lo sé. ¿Será inocente o culpable ante Dios?”

“Pero la Biblia contiene errores.”

“Yo sé que usted cree eso. ¿Inocente o culpable?”

“¡Pero yo no creo en la Biblia!”

“Por supuesto que no, pero supongamos que la Biblia es la verdad. ¿Inocente o culpable?”

LOS CRISTIANOS INMUNIZADOS

Oh, no. Si estás enfrentándote a alguien que asiste a una iglesia y sabe algunos versículos de la Biblia (especialmente Juan 3:16), tienes frente a ti el encuentro más difícil de todos. Contestará tus preguntas correctamente pero simplemente no vive como un cristiano. No eres su juez, sólo Dios conoce el estado de su alma, pero tú tienes todo el derecho y también la obligación de juzgar a aquellos en la iglesia que están pecando (1 Corintios 5:12-13). Aquí hay algunas preguntas que podrían revelar su nivel de fe o entendimiento.

¿Eres nacido de nuevo?

Si la persona dice que no, recuérdale que Jesús dice que un hombre tiene que nacer de nuevo para entrar en el reino de los Dios (Juan 3:3).

¿Cuándo fue la última vez que leíste tu Biblia a solas?

Si dice que fue hace algún tiempo, expresa tu preocupación. “¿Qué pensarías si tú enviaras cartas de amor a tu esposa (esposo) y ella (él) nunca tomara el tiempo para leerlas? Tú empezarías a sospechar que quizá ella (él) no está muy interesada(o) en ti. Eso es exactamente cómo Dios se siente. Él te envió 66 cartas y tú raramente las lees, ¿qué deberíamos concluir de tu amor por Él?”

¿Conoces a Jesús?

Esto realmente llega al meollo del asunto. La gente (incluyendo a los pastores) puede saberlo todo acerca de Jesús, pero no lo conoce. Recuérdale que no estás para juzgarlo, pero que estás preocupado y que la Biblia dice que deberíamos examinarnos para ver si estamos en la fe (2 Corintios 13:5).

UNA COSA MÁS

Nuestro principio es este: “La Ley para los soberbios, la gracia para los humildes”. La regla que seguimos es usar la Ley en el evangelismo para suavizar el corazón duro para recibir el evangelio. Una vez que has memorizado el ejemplo que hemos provisto, puedes incorporar tu personalidad y tu propio estilo. Esto quiere decir que no tienes que usar nuestro ejemplo palabra por palabra. Puedes cambiar las palabras y crear tu propia manera de presentar el evangelio... siempre y cuando sigue el principio fundamental y bíblico de “la Ley para los soberbios y la gracia para los humildes”.

Aquí está un ejemplo de usar la Ley:

“Hola, amigo, juguemos ‘Esta fue tu vida’. Vayamos años atrás, a su niñez. ¿Recuerdas alguna vez cuando fuiste un travieso? ¿Te llevaste un dinero que pertenecía a tus papás? Avancemos hasta los años de tu juventud. ¿Te acuerdas de alguna fantasía que tuviste de una joven? ¿Cuántas veces crees que hiciste eso? Ahora como adulto, ¿crees que Dios siempre ha sido primero en tu vida o has puesto tu carrera o el placer delante de Él?”.

Otra opción sería enfocarte en un solo pecado:

- Para un hindú, tal vez quieras pasar mucho tiempo hablando acerca de los primeros tres mandamientos.

- Para un hombre, la enseñaza de Jesús acerca de mirar a una mujer para codiciarla es muy convincente.

- Para una persona que parece tener mucho dinero, el décimo mandamiento de no codiciar puede ser significante.

- Para todos, la ingratitud (no darle gracias a Dios por todo lo bueno que hemos recibido) es muy convincente.

- Para el bocón (o la bocona) que no puede dejar de usar malas palabras, el tercer mandamiento acerca de la blasfemia puede ser exactamente lo que necesita oír.

Así que, hay muchas diferentes maneras de usar la Ley, pero el hecho es que tienes que usarla si quieres ver conversiones verdaderas. Incorpora tu propia personalidad y crea mejores ejemplos que nosotros tenemos aquí, pero por favor no pierdas el principio: “La Ley para el soberbio, la gracia para el humilde”.

Bueno, esto es todo. Si quieres escuchar algunos de estos principios en acción, puedes buscar los archivos de audio en el sitio web http://www.wayofthemasterradio.com/ y bajarlos gratuitamente. O escucha los encuentros para testificar en el CD “Terrified” (a la venta en el mismo sitio web).

Mientras que escuches, fíjate en las cinco preguntas.

Si has leído todo esto, yo quiero felicitarte y animarte. Has invertido más tiempo que la mayoría de los cristianos en tratar de equiparte para testificar. Ora mucho. Practica mucho. Y luego busca a un desconocido (porque es más fácil con un desconocido que con alguien de la familia) y a la lucha.

De nuevo, ¡bien hecho! Estás esforzándote para ser un siervo fiel y verdadero.

9/1/11

MANUAL PARA TESTIFICAR (V)

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LAS BUENAS NUEVAS

“¿Qué sabes acerca de la Semana Santa y la Pascua? Hace dos mil años, Jesucristo—Dios mismo tomó la forma de un ser humano y vino a esta tierra, nacido de una virgen. Fue golpeado y crucificado brutalmente. Déjame explicarte lo que pasó.

“Cuando azotaron a Jesús, usaron látigos hechos de tiras de cuero con vidrios quebrados, trozos de cerámica y clavos atados en los extremos. Él fue azotado al menos 39 veces. Mucha gente moriría de tal azote porque la piel, los músculos y los tendones fueron tan lastimados que sus órganos se le salían del cuerpo. Pero Jesús sobrevivió y entonces fue crucificado en una cruz donde murió de asfixia. Después, Él resucitó al tercer día venciendo a la muerte. Jesús hizo todo esto porque la Biblia dice que no hay perdón sin el derramamiento de sangre. Jesús entregó Su propia sangre para que tus pecados puedan ser perdonados.

Es así de sencillo: Tú violaste la Ley y Jesús pagó la multa.

“La gran pregunta es entonces, ¿cómo haces para recibir ese perdón?”

La mayoría dirá “orar” o “ir a confesarse”. Toma el tiempo necesario para explicarle este asunto a fondo. Aquí está cómo yo lo hago:

“Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan. Para arrepentirse tienes que dejar de hacer lo que estás haciendo, reconocer que es horriblemente malo, confesar tus pecados a Dios, pedirle perdón por ellos, apartarse de los mismos y poner su confianza (su fe) en el Señor Jesucristo. No es suficiente con sólo escuchar esto y decir ‘ya lo entiendo; creo en eso’. Aun los demonios creen y tiemblan. El mero asentimiento mental no te salva. Tienes que arrepentirte y poner toda tu confianza en Jesucristo.

“Imagina que estás en un avión y entonces el piloto hace un anuncio: ‘Señoras y señores, puedo tener su atención, por favor? En este momento, estamos volando a diez kilómetros de altura. Desafortunadamente, tengo malas noticias: Las dos turbinas de este avión han fallado. Vamos a estrellar en unos pocos minutos. De pronto, encontrarás un paracaídas debajo tu asiento. Gracias por volar con nosotros y que tengas un buen día’.

“¿Qué harías? ¿Simplemente te sentarías allí creyendo en el paracaídas? ¿Esperaría hasta el domingo y simplemente adorarías al paracaídas? ¡No! Te pondrías el paracaídas porque es tu única esperanza—tu única salvación. Esto es exactamente lo que la Biblia dice acerca de Jesús. Tienes que “vestirte del Señor Jesucristo” (Romanos 13:14). Esto es como lo haces: Busca un lugar tranquilo, arrodíllate y derrama tu corazón a Dios. Confiesa tus pecados, uno por uno. Dile que lo sientes y pídele perdón. Entonces, pon tu confianza (tu fe) en Jesucristo. Él te perdonará y te limpiará. Si haces esto, serás trasladado de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida.”

LA ORACIÓN

Como regla, yo no guío a nadie en “la oración del pecador”. No es bíblico—la Biblia nunca nos manda que lo hagamos. Si alguien que conoces comete adulterio contra su esposa, ¿lo guiarías a donde su esposa para decirle a tu amigo: "Repite después de mi: Lo siento mucho, nunca debí dormir con esa mujer"? Nunca harías tal cosa y no deberías hacerlo con un pecador.

Si alguien te dice que quiere orar en ese momento, puedes decirle: "Ora tú y luego yo oraré por ti”. No obstante, no es muy probable que la persona va a querer orar contigo porque es algo sumamente personal entre él y Dios. Piénsalo. ¿Querrías que alguien estuviera escuchando tu confesión ante Dios?

En cualquier caso, no le des a la persona la seguridad de que ya es salva—que ya tiene la salvación. Esta es obra del Espíritu Santo. Dile que lea su Biblia y que obedezca lo que lee. Con el paso de tiempo su conversión se revelará, si fue verdadera o falsa. La teología tiene que guiar nuestra metodología. Si Dios salva a alguien, Él no necesita de nuestra ayuda para “cerrar el asunto”.

LA APOLOGÉTICA

¿Qué pasa con la apologética (la defensa de nuestra fe)? ¿Deberías tratar de probar que Dios existe, refutar la evolución o mostrar que Biblia es confiable? Sí y no.

Si una persona sólo quiere discutir y pelear, no. Supongamos que estás casado. Cuando tú y tu cónyuge tienen una pelea y él o ella se acerca, tú sabes si viene con el deseo de hablar y razonar, o si sólo quiere seguir peleando. Si la persona a la cual estás testificando sólo quiere discutir, la apologética no sirve. Sin embargo, si la Ley ha suavizado su corazón y esa persona tiene un pregunta sincera, entonces (y sólo entonces), puedes contestarle con la apologética. De lo contrario,
apégate a la Ley.

Puede ser que, para ser razonable con la persona, tengas que responder a algunas preguntas que te hace—aun preguntas que te hace sólo con la intención de despistarte. Sin embargo, recuerda que no estás tratando de salvar esa persona con tus razonamientos. Estás tratando de ayudarle a entender el pecado, la justicia y el juicio por venir.

LA PREDICACIÓN DEL FUEGO DEL INFIERNO

En este momento, quizá estás pensando: “¿No es todo esto la predicación del fuego del infierno?” Escucha lo que Ray Comfort dice: Ahora santos, no estoy hablando de predicar sólo el fuego del infierno. Una predicación centrada en el fuego del infierno produce convertidos llenos de miedo. El uso de la Ley de Dios produce convertidos llenos de lágrimas. El primero viene porque quiere escapar del fuego del infierno. Pero en su corazón, cree que Dios es duro e injusto, porque la Ley no se ha usado para mostrarle la naturaleza extremadamente pecaminosa del pecado. Él no ve el infierno como su justo merecido— que él merece el infierno. Por lo tanto, no entiende ni la misericordia ni la gracia; y por esto, también le falta gratitud a Dios por Su misericordia. Y la gratitud es la motivación principal para el evangelismo. No habrá celo por evangelizar en el corazón de un falso convertido.

Pero el segundo viene sabiendo que ha pecado contra el cielo. Sabe que el ojo de Dios está en todo lugar contemplando lo bueno y lo malo, y que Dios ha visto la oscuridad así como si fuera la luz. Ha visto sus pensamientos. Si Dios, en Su santidad en el día de la ira, hiciera manifiestos los pecados secretos de su corazón, todas sus obras hechas en la oscuridad, si mostrara toda la evidencia de su culpa, Dios podría tomarlo como una cosa inmunda y lanzarlo al infierno, haciendo lo que es justo. Pero en vez de darle justicia, le ha dado misericordia. Dios ha mostrado Su amor para con él en que mientras aún era un pecador, Cristo murió por él. Él entonces cae de rodillas ante esa cruz manchada de sangre, y dice: “Oh Dios, si has hecho eso por mí, haré lo que sea por ti. Me deleito en hacer tu voluntad, oh, mi Dios. Tu Ley está escrita en mi corazón”.

Es como el hombre que sabe que tiene que atravesar la puerta de un avión a diez kilómetros de altura y enfrentar la consecuencia de violar la ley de la gravedad; él nunca se quitaría su paracaídas porque su misma vida depende de él. De igual manera, el que viene al Salvador, sabiendo que tiene que enfrentarse con un Dios santo en el día de la ira, nunca abandonará la justicia de Dios en Cristo, porque su misma vida depende de ello.

Me gusta ponerlo de esta manera a la persona a que estoy testificando: “Si alguien te diera un paracaídas para salvarte de una muerte segura, no pasarías toda tu vida con miedo de la muerte que has evitado. Pasarías tu vida agradecido hacia aquel que te dio el paracaídas. No creas en Dios sólo para evitar el infierno. Arrepiéntete y pon tu confianza (tu fe) en el Señor Jesucristo porque Él te ama tanto que dio Su vida de manera que tú y yo no tengamos que pasar la eternidad en el lago de fuego”.

EL TONO

Es imperativo que ruegues a Dios por el espíritu correcto—un buen tono y una actitud correcta—en un encuentro para testificar. En general, creo que tu actitud debería ser de compasión mezclada con alarma (inquietud y urgencia). Sé agresivo si es necesario pero no enojado ni gritando. Tu tono debería ser más como un ruego con preocupación. Tendrás mucha libertad para hablar con denuedo si estás preocupado y no enojado. Tu actitud debería ser así: “No sabes con lo que te enfrentas aquí. Dios no te necesita, tú necesitas a Dios”.

PRACTICAR

Puede que estés leyendo esto y pensando que nunca podrías recordarlo todo. No tienes que recordarlo todo. Sólo empieza memorizando las cinco preguntas y luego practica con un amigo. Así es… busca a un amigo y jueguen los roles. Te asombrará la consistencia de los encuentros para testificar. Empieza practicando y al poco tiempo lo tendrás todo asimilado. Empieza lento y practica, practica, practica. Luego, busca a un pecador y te irá muy bien.

2/1/11

MANUAL PARA TESTIFICAR (IV): «CINCO PREGUNTAS BÁSICAS PARA TESTIFICAR»

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PREGUNTA #1:
¿TE CONSIDERAS UNA BUENA PERSONA?

Esto revelará si la persona es soberbia o humilde (recuerda nuestro principio). Si dice que no (lo que es muy poco probable), examínala para saber qué quiere decir con eso. Es muy posible que sólo esté jugando o que se sienta mal por haber hecho algo malo que desilusionó a otra persona (pero no a Dios). A menos que diga “He pecado contra Dios” (Salmo 51), no es humilde. Muchos tienen remordimientos por errores que han cometido y están sufriendo las consecuencias, pero no se han arrepentido delante de Dios.

Puedes esperar que la mayoría te diga: “Soy una muy buena persona”. Eso es el orgullo, la soberbia y la auto-justificación revelándose. Ahora estás listo para usar la Ley para hacerla humilde. Así que, sigue con la segunda pregunta.

PREGUNTA #2:
¿CREES QUE HAS GUARDADO LOS DIEZ MANDAMIENTOS?

Algunos dirán que sí y otros que no. Cualquiera que sea la respuesta, tú debes decirle a la persona: “Consideremos algunos de ellos y veamos. ¿Alguna vez has mentido?”

Algunos dirán que sí, que han mentido. Otros tratarán de justificarse a sí mismos diciendo que sólo eran “mentiritas blancas”. Aun otros tratarán de negarlo totalmente. En el ultimo caso, amablemente presiona: “¿Quieres decir que nunca has dicho una mentira para engañarle a nadie… en toda tu vida?” Quizá te dirá: “Bueno, tal vez cuando era niño”.

Bueno, a Dios no se le olvidan los pecados de nuestro pasado y también la Biblia dice que, “...todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre...” (Apocalipsis 21:8).

Nota: La gente no se enoja sino que se pone sobria. Puede ser que te diga, “Yo no creo en la Biblia”. En este caso, dile, “Yo sé que no la crees”, y sigue testificándole. (¡Por supuesto no cree en la Biblia; es por esto que tú estás testificándole!) Si discute (y puede ser que lo haga) acerca de la Biblia, simplemente dile, “Yo sé que no la crees. Sólo estoy compartiendo contigo lo que la Biblia dice, ¿okay? Sigamos”.

Ahora, quieres seguir llevando a la persona por cuantos mandamientos que puedas. A mí me gusta usar todos los mandamientos que pueda. (Nota: El tercer mandamiento casi siempre afecta a la gente.) Aquí está como yo llevo a una persona a través de cada uno de los Diez Mandamientos.

El Mandamiento #1: “¿Siempre has puesto a Dios primero en tu vida?” (Probablemente te dirá que no. Si la persona trata de burlarte, simplemente sé directo con ella y no se lo permitas.) Yo explico este mandamiento así: “Dios dice que Él debería ser el principal amor de tu vida. De hecho, Jesús dijo que nuestro amor para con Dios debería ser tan grande que nuestro amor por nuestros padres, hijos, amigos e incluso nuestras propias vidas debería parecer como odio en comparación con nuestro amor para con Dios”. Alguien podría decirte, “No creo en Jesús”. Tu puedes sólo responderles, “Lo sé, sólo te estoy diciendo lo que Él dijo”.

El Mandamiento #2: “¿Alguna vez te has hecho una imagen?” (Probablemente te dirá que no.) Se lo explico así: “Bueno, ¿has proseguido al dinero más que a Dios? Entonces has hecho del dinero un ídolo. ¿Le has prestado más atención a tu carrera que a Dios? Entonces tu trabajo es un ídolo. Quizás hayas hecho un dios con el cual estás cómodo, ya sea con tus manos o con tu mente. Si tú dices, ‘Mi dios es un dios de amor y nunca enviaría a nadie al infierno. Tienes razón. Tu dios no enviaría a nadie al infierno porque no puede—tu dios no existe. Él es un producto de tu imaginación y eso se llama idolatría. Es el pecado más antiguo en la Biblia y Dios advierte que los idólatras “no heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9).

El Mandamiento #3: “¿Alguna vez has tomado el nombre de Dios en vano?” (Recuerda, algunos tratarán de burlarte, simplemente presiona un poco: “¿Quieres decir que nunca has usado Su nombre para expresar enojo o angustia?”) Una vez que confiese que ha tomado el nombre de Dios en vano, dile: “Entonces, en vez de usar otra palabra de maldición para expresar disgusto, has tomado el nombre de Aquel que te dio vida, aliento y todo lo que es preciado para ti, y lo has tirado al lodo. ¡Imagina! La gente ni siquiera usa el nombre de Hitler ni el de Sadam Hussein para jurar y, ¿tú usas el nombre del Dios Todopoderoso así? Eso se llama blasfemia y Dios promete que ‘no dará por inocente al que tomare Su nombre en vano’ (Éxodo 20:7)”.

Nota: En este momento, deberías empezar a observar algo. La persona puede empezar a callarse (cierra su boca ante la Ley, Romanos 3.19) o quizá se empiece a agitar. Fíjate en su lenguaje corporal. A menudo, en este momento las personas revelan cómo se sienten; puede ser que tiemblan o que sus ojos se ven húmedos. Eso es bueno. Continúa con los mandamientos. Si alguien se pone muy “bocón” y te falta el respeto, usa todos los mandamientos que puedas para cerrar su boca con la Ley.

El Mandamiento #4: “¿Has guardado el día de reposo?” Se lo explico así: “Dios requiere un día de cada siete y has fallado en darle lo que exige. ¿Puedo preguntarte cuántas veces has fallado en inclinar tu cabeza antes de comer y agradecer a Dios por la comida que Él te ha provisto? ¿Cuántas miles de veces has simplemente ingerido la comida sin agradecer al Proveedor?”

El Mandamiento #5: “¿Has tratado siempre a tus padres de una manera agradable a Dios?” La explicación: “Dios no olvida los pecados de nuestra juventud. La Biblia dice que la rebeldía es como el pecado de la brujería (1 Samuel 15.23)”.

El Mandamiento #6: “¿Alguna vez has matado a alguien?” (Con alivio, normalmente la persona dice que no.) “Es bueno saberlo pero, ¿alguna vez has llamado a alguien ‘tonto’, ‘estúpido’ o ‘infeliz’? La Biblia dice que si te enojas contra alguien (si lo aborreces) sin causa, has cometido homicidio en tu corazón (Mateo 5.22; 1Juan 3.15). Esto es porque Dios no simplemente juzga nuestras acciones sino también nuestros pensamientos”.

El Mandamiento #7: “¿Alguna vez has cometido adulterio?” (Otra vez, la mayoría negará haber hecho esto.) Le explico este mandamiento de esta manera: “¿Alguna vez has mirado a alguien con lujuria en tu corazón—con deseo sexual? Jesús dijo que si miras a otra persona para codiciarla, ya adulteró con ella en tu corazón (Mateo 5.28). Jesús no sólo juzga las acciones, sino que también nos juzga los pensamientos”.

El Mandamiento #8: “¿Alguna vez has robado algo?” (Muchos dirán que no.) Sigo explicándoselo: “¿Te has llevado algo—lo que sea, sin importar su valor—que no era el tuyo? Sé honesto delante de Dios.” (Si dice, “Sí, cuando era niño”, recuérdale que Dios no olvida los pecados de nuestra niñez ni los de nuestra juventud.) “Así que, Dios te ve como un ladrón.”

El Mandamiento #9: “¿Alguna vez has mentido?” Ya hemos visto este mandamiento anteriormente.

El Mandamiento #10: “¿Alguna vez has deseado/codiciado algo que no te pertenecía?” (Al llegar aquí, la Ley probablemente ya ha hecho su obra de cerrarle la boca a la persona, entonces no tendrás que pasar mucho tiempo explicándole este mandamiento.) Yo le diría algo así: “Esta es la última moneda del cofre… ¿Quién no ha deseado algo de otra persona?”

PREGUNTA #3:
¿SERÁS HALLADO INOCENTE O CULPABLE?

Digo algo así: “La Biblia dice que un día de estos vas a morir y serás juzgado por el Señor (Hebreos 9:27). En aquel tiempo, Él te juzgará por cada pensamiento, palabra y hecho (Romanos 2). En aquel día, ¿serás hallado inocente o culpable delante de Dios?”

Si la persona no ha empezado a dudar, incomodarse o burlarte, lo hará ahora porque ya percibe hacia dónde quieres ir. La mayoría dirá “inocente”, pero necesita confesar su culpa. Aquí está cómo puedes ayudarle a alguien hacer esto.

La persona dirá algo como: “Pero, yo soy una buena persona”. Tú le contestas: “Acabas de confesar que has violado Sus mandamientos. ¿Serás inocente o culpable?”

Muchos tienden a sostener su propia bondad: “Pero no he hecho esas cosas desde hace tiempo”. Contestas: “Intenta eso en una corte de justicia. ‘Juez, sé que soy culpable pero eso fue hace años.’ A él no le importará. Un buen juez te castigará sin importar cuánto tiempo ha pasado. Castigan a los criminales de guerra por delitos que cometieron hace décadas. Dios no olvida nuestros pecados y el tiempo no los perdona. Entonces, ¿inocente o culpable?”

Si todavía proclama su inocencia, intenta esto: “Digamos que colocamos en tu cerebro un chip de alta tecnología que graba cada uno de tus pensamientos, palabras y hechos. Digamos que te lo grabamos todo por un mes. Luego, llamamos a tus amigos y a tu familia, y les proyectamos en una gran pantalla lo que ese chip grabó. Eso es exactamente lo que Dios va a hacer con toda tu vida. Todos tus pensamientos van a ser revelados ante Él. Estás en graves problemas.”

Ahora, si alguien está realmente molesto y retador, eso puede ser muy bueno porque quizá sea una indicación de que la persona está asustada. (Piénsalo así: Lanza una piedra hacia un grupo de perros y el que ladra más duro es el que pegaste.) Lo ideal es que la persona te confiese su culpabilidad, pero si simplemente no se rinde, en algún momento tendrás que decirle, “Oye, estás dando vueltas sobre lo mismo, y si escucharas la voz de tu conciencia y fueras honesto, sabrías que eres culpable ante Dios. Además, esto es lo que la Biblia dice y si te llamas inocente estás llamando mentiroso a Dios”.

La mayoría dirá de mala gana algo como: “Bueno, es que no creo en Dios pero, sí, sería culpable”.

No pases a la cuarta pregunta hasta que la persona confiese su culpabilidad (o, como en el caso peor, que tú la confiesas por ella). De todos modos, cuando el asunto de la culpabilidad ya está establecido, sigue con la cuarta pregunta.

PREGUNTA #4:
¿IRÁS AL CIELO O AL INFIERNO?

“Si eres culpable ante Dios, ¿debería Él mandarte al cielo o al infierno?” Con esta pregunta, ¡que los juegos empiecen! Algunos dirán que al infierno, pero la mayoría dirá que al cielo. Entonces, obtendrás las mismas excusas que en el paso tres, o de repente descubrirás que la persona conoce más de lo que ha revelado hasta ahora. La siguiente es una típica conversación.

“Voy a ir al cielo.”

“¿De verdad? ¿Por qué?”

“Porque Dios perdona.”

“¿Y cómo funciona eso?”

(Aquí es donde las cosas pueden nublarse mucho si no estás totalmente concentrado. Casi todos han escuchado que Dios los ama o que Dios los perdonará, pero no tienen ninguna idea de cómo recibir ese perdón. De nuevo, cuando estás testificando a alguien que asiste a una iglesia, necesitas concentrarte bien, ya que son de los más duros a que vas a testificar. Han sido inmunizados al pecado. La “gracia” que han recibido les ha reducido su capacidad de reconocer su pecado.)

“Dios es perdonador.”

“Entonces, ¿me estás diciendo que Dios simplemente va a permitir que cada violador, asesino, mentiroso y fornicario entre en el cielo porque Él es perdonador?”

“Tienes que pedirle el perdón.”

“Entonces, ¿si simplemente digo ‘Lo siento’ y pido el perdón a Dios, Él va a decir ‘Ay, no te preocupes, no me importa que me hayas ofendido con tus pensamientos, palabras y hechos. ¿Qué estaba Yo pensando? Disculpa. ¡Entra en el cielo!’? ¡Jamás! Eso no funcionaría con un juez aquí en la tierra y no funcionará con Dios. Deberías sentirlo, claro. Haz violado la Ley de Dios y por esto la justicia tiene que ser satisfecha.”

Esta parte de la plática podría extenderse eternamente, así que en algún momento tienes que presionar el asunto. Si la persona se continúa resistiendo, eso es bueno porque está sintiendo la convicción de su pecado. Sin embargo, tú tienes que obtener de ella una confesión de que su destino es el infierno. De nuevo, si esa persona asiste a una iglesia, dirá cosas como “Pero, ¡fui confirmado!” o “¡Ya oré la oración!”. Si estás testificando a ese tipo de persona, puede que necesites alguno de los métodos en la sección más adelante bajo el título “El cristiano inmunizado”. Después, regresa a este cuarto paso y el asunto del su destino eterno.

Cuando la persona finalmente confiese (o cuando tienes que informarle—que debe ser el último recurso) que Dios debe mandarla al infierno, entonces continúa.

PREGUNTA #5:
¿TE PREOCUPA QUE VAS A IR AL INFIERNO?

Tienes que hacerle esta pregunta. Esto revelará si la persona tiene interés en oír las Buenas Nuevas del evangelio o no. Si un hombre o una mujer no se preocupa por el hecho de que va a ir al infierno, no tendrá ningún interés en las Buenas Nuevas. Aun más que esto, es muy posible que se mofará de las Buenas Nuevas. Se reirá de la solución porque no cree que tiene un problema.

Si la persona no expresa ninguna preocupación, no nos alejamos dejándola en su condición actual. Tenemos que pasar el tiempo necesario con ella para enseñarle acerca de la teología del infierno para tratar de despertarla.

“¿Sabes cómo es el infierno? Es un lugar de llanto y crujir de dientes, de sed sin fin y de dolor intolerable. No tiene ni piso ni fundamento (siempre tendrás la sensación de estar cayendo). Está sumamente caliente y oscuro, y durará para siempre.”

Sigue explicándoselo: “Entonces, ahora sabes que eres un enemigo de Dios en tu mente y a través de tus malas obras (Colosenses 1:21), y que Su ira está sobre ti (Juan 3:36). La Biblia dice que “horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo” (Hebreos 10:31) y que Él va a derramar Su enojo y Su ira sobre ti. ¿No entiendes que habrá tribulación y angustia para ti en aquel día? ¿No te preocupa esto?”

En este momento, tienes que usar mucho discernimiento. Si la persona dice que no, que no se preocupa, presiónale: “¿De veras? ¿No tienes miedo de Dios? ¿Tienes alguna idea de lo que estás haciendo? Te pregunto de nuevo: ¿No te preocupa esto?” Si dice que no, pero físicamente está llorando o temblando, si ha bajado la cabeza o si está visiblemente más humilde que antes, puedes moverte hacia las Buenas Nuevas. ¡Pero no antes! ¿Por qué es que este asunto es tan importante?

1. Es bíblico. Mateo 7:6 dice; “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”. ¿Quiénes son los perros y los cerdos? La Biblia de Estudio de Ginebra dice: “Los enemigos soberbios y tercos del Evangelio no son dignos que se les predique dicho Evangelio”.

El discernimiento es crucial en este momento. No debemos ser tan prontos a tildarle a cada persona que muestra un poco de resistencia como un “perro” o un “cerdo”. Sin embargo, hemos de estar dispuestos a retener las cosas santas cuando la gente es antagonista, soberbia, terca, dura, irrazonable u hostil. Recuerda, Jesús retuvo las Buenas Nuevas al hombre principal en Lucas 18 porque quería justificarse a sí mismo.

La meta aquí es doble:

• Protegerte a ti mismo (“...no sea que... se vuelvan y os despedacen”).

• No permitir que las perlas (en este instante se refiere a la muerte de Jesús en la cruz) sean pisoteadas, mofadas o escarnecidas.

Aunque es nuestro deseo predicar el Evangelio a cada persona, la realidad es que vamos a toparnos con verdaderos enemigos de la cruz. Ellos son escarnecedores y debes retener las maravillosas noticias de la salvación... pero sólo después de esforzarte a razonar con la persona acerca del pecado, de la justicia y del juicio que está por venir. Debes estar dispuesto a dejar que una persona se te vaya triste después de haberle hablado acerca de qué tan razonable es el asunto de su pecado, la justicia de Dios y juicio venidero.

2. Tiene sentido. Si el rebelde no demuestra ninguna indicación de remordimiento o temor por haber violado las leyes del Rey, ¿por qué querrás contarle acerca de la misericordia del Rey?

Piensa en este ejemplo. Un hombre le es infiel a su esposa y comete adulterio. Ella se le acerca con un deseo de perdonarle, pero su marido le dice, “No me importan para nada las consecuencias de mis acciones. No quiero estar contigo”. ¿Será que su esposa todavía va a querer ofrecerle el perdón? Yo no creo que sí. Él no ha entendido ni su culpabilidad y ni su necesidad de recibir el perdón. Así que, ofrecérselo no tendría sentido. Además, es muy probable que él se mofaría de ella por haberle ofrecido un trato tan benigno. ¡Imagina eso! Una esposa inocente, benigna y clemente le ofrece el perdón, y en cambio su marido se mofa de ella. Imagínate un Dios santo, benigno y misericordioso ofreciendo el perdón sólo para que se mofen de Él.

Es por esto que tenemos que tener mucho cuidado en este momento del encuentro con el inconverso. Queremos hallar el buen equilibrio entre ofrecerle la gracia al humilde y retener las Buenas Nuevas hasta que la persona esté abierta, humilde o silenciosa.

Si la persona no te parece preocupada o si no te confiesa su preocupación (o aun si ya está molesta o enojada), has llegado a un punto donde tendrás que decir, “Realmente siento escuchar eso. Oraré que entres en razón. Si piensas acerca de esto y cambias de opinión, o si te das cuenta de que vas a ser juzgado, puedes llamarme y podremos hablar más. O por favor busca una Biblia y lee el Evangelio Según San Juan”.

Ahora, si la persona confiesa su temor con su boca (o aun si dice que no está preocupada pero su comportamiento dice lo contrario), tienes el placer glorioso de compartir con ella la Buenas Nuevas. Aquí tienes algunas “líneas” que he hallado efectivas.

Continúa: Munual para Testificar (V)

26/12/10

MANUAL PARA TESTIFICAR (III): «CÓMO EMPEZAR UN ENCUENTRO PARA TESTIFICAR»

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Tú nunca deberías simplemente acercarse a alguien e inmediatamente empezar a hablar acerca de Jesús. En vez de esto, empieza con algo en el ámbito natural y luego cambia al sobrenatural. Habla acerca del fútbol o del clima, y luego utiliza algo de las noticias para dirigir la conversación hacia lo espiritual. Es clave que siempre estés atento e intencional en tus conversaciones. Si siempre mantienes el evangelismo en tu mente, encontrarás una manera de darle vuelta a cualquier conversación y hablar acerca de la fe.

Por ejemplo, la muerte de una persona célebre o importante siempre es una noticia grande y por esto es una buena manera de abrir una puerta para hablar de las cosas espirituales.

“¡Hola! ¿Cómo estás?”

“Muy bien, ¿y tú cómo estás?”

“Genial, gracias por preguntar. ¿Supiste que __________ (llena el espacio con el nombre de la persona muerta) acaba de morir?”

“Sí, qué mal.”

“¿Te hace reflexionar un poco y pensar en lo que nos va a pasar después de la muerte.”

“Sí, así es.”

“¿Qué crees que te va a pasar a ti después de la muerte?”

¡Bingo! Ya estás ahí. Usa cualquier noticia o simplemente dile algo que aprendiste en la iglesia esta semana. Esto te llevará directamente a un encuentro para testificar.

O puedes también intentarlo con esto.

“Hola, ¿qué tal? Qué día más bonito, ¿verdad? Lástima, porque parece que voy a estar pasando todo el día bajo techo. Tengo una reunión en la iglesia esta noche y no puedo faltar. ¿Asistes tú a alguna iglesia?”

Tal vez puedas preguntar:

“¿Piensas tú en las cosas espirituales? ¿A dónde crees que vas a ir después de la muerte”.

La gran mayoría dirá:

“Yo creo que voy a ir directamente al cielo.”

“¿Por qué?”

“Porque yo soy bastante bueno... pues, no soy tan malo para ir al otro lugar.”

Es así de sencillo, honestamente. Empieza una conversación. Está atento e intencional para darle vuelta a la conversación y hablar de las cosas espirituales.

Ahora que estás ahí, tienes que recordar estas cinco preguntas en orden, ¿okay? Y yo tengo que confesarte que la primera pregunta y la segunda son las más difíciles de hacer. No hay una manera de evitarlo. Te va a ser bien difícil hacerle a la persona estas preguntas, pero tienes que hacerlo. Mantén en mente que yo he hecho estas preguntas a miles de personas y hasta la fecha nadie me ha pegado en la nariz, ni nadie se ha ofendido. Yo te prometo que una vez que hagas estas dos primeras preguntas, estarás a salvo. Te lo prometo.

¿Listo? Ora a Dios, pídele que te dé valor y haz la primera pregunta...

Continúa: Manual para testificar (IV): «Cinco preguntas básicas para testificar»

19/12/10

MANUAL PARA TESTIFICAR (II): «¿POR QUÉ LOS “CRISTIANOS” NO SE COMPORTAN COMO CRISTIANOS?»

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La respuesta es dolorosamente obvia. Si alguien no se comporta como un cristiano, no es un cristiano (ver Santiago 1:22-25). Desafortunadamente, la iglesia está llena de personas así. Pero, ¿por qué? ¿Por qué hay tantos falsos convertidos? Porque ellos han respondido a un evangelio incompleto o a uno falso.


A muchos se les ha dicho que tienen un vacío en su corazón que sólo Jesús puede llenar, y que si tan sólo le pidieran a Jesús que entre en su corazón, Él los hará sentir llenos y completos. Este es un concepto del evangelismo moderno que recurre a las “necesidades personales”. Determina cuál es la necesidad personal de una persona, y entonces, presenta a Jesús como la respuesta a dicha necesidad. ¿Estás divorciado? Jesús te hará sentir completo. ¿Tus padres no te amaron lo suficiente? Dios quiere amarte y será tu Padre. ¿No te satisface tu dinero? Jesús sí lo hará.

Ahora, ¿hará Dios todas esas cosas? Por supuesto. Sin embargo, y esto es crucial, si una persona acepta a Jesús en su corazón sólo para sentirse completa, es un motivo equivocado y es poco probable que esa persona sea realmente salva. El vacío en el corazón de todos no es la tristeza ni la falta de realización, es la falta de justicia.

Esto es muy importante. Jesús no vino a esta tierra para entregar su vida de una manera cruel sólo para que nosotros pudiéramos estar felices. Él vino para hacernos justos. Y todos tiene que venir a Él por la misma razón—para ser hechos justos (para la justificación). Si le pedimos a Él que entre en nuestro corazón para hacernos felices, Él no entrará y nosotros no recibiremos la mera cosa que buscamos. En vez de esto, si venimos a Él humildemente (¿recuerdas nuestro principio?) buscando misericordia, Él entonces nos la dará… y además llenará ese vacío en nuestros corazones. Pero primero lo primero: Nuestra motivación para pedirle que nos salve debería ser la misericordia y no la felicidad.

¿Nos da Jesús amor, gozo, paz, paciencia, bondad, templanza, fe y dominio propio? Sí, pero sólo después de que nos hemos arrepentido y hemos puesto nuestra fe en Él. Dios nos da estos asombrosos regalos como los frutos (los resultados) de la salvación, pero no podemos y no debemos usar dichos regalos como una atracción para la salvación. Considera esto, si alguien pasa tiempo contigo sólo para obtener lo que tienes que ofrecerle (dinero, regalos, comida, servicio de lavandería), te sentirás usado, y con razón. Tú quieres que alguien pase tiempo contigo por lo que tú eres, no por lo que podrías darle. Así es con Dios. Si le seguimos sólo porque queremos Sus regalos, no es una fe aceptable. Esto es usar a Dios como nuestro plan de autorrealización.

Piensa en este ejemplo. Un grupo de hombres se rebela contra el Rey y tratan de usurpar su trono. Viven en el bosque y pasan sus días deshonrando al Rey. Sin embargo, un día el Rey decide perdonarles a estos rebeldes, y si no reciben el perdón, serán castigados.
Cuando un rebelde por naturaleza llega delante de Dios y anuncia que él está dispuesto a “aceptarlo a Él” porque quiere que Dios le dé regalos, ¿cómo crees que reacciona Dios?
El Rey manda un enviado al bosque. Cuando sus mensajeros encuentran a los rebeldes, ¿qué deben hacer? ¿Deben decirles a los rebeldes que es mucho más bonito y cómodo vivir en el castillo? ¿Deben decirles a los rebeldes que la comida del Rey es mucho mejor que la comida del bosque?

Si los mensajeros presentan cualquiera de estos dos ofrecimientos, los rebeldes bien podrían regresar al castillo y clamar, “¡Oye, Rey! ¿Dónde está la comida?” ¿Cómo reaccionaría el Rey? ¡Estaría furioso!

Cuando un rebelde por naturaleza llega delante de Dios y anuncia que él está dispuesto a “aceptarlo a Él” porque quiere que Dios le dé regalos, ¿cómo crees que reacciona Dios?

En cambio, los mensajeros del Rey deberían anunciarles a los hacedores de iniquidad: “El Rey debe sentenciarlos a muerte. Han rebelado contra Él. Ustedes han tratado de hacerse reyes. Merecen la muerte. El Rey tiene el derecho, la autoridad y el poder para poner fin a sus vidas. Pero el Rey es rico en misericordia y les ofrece el perdón hoy... si vuelven a Él con humildad, confesando sus errores y prometido su lealtad a Él”.

Así es cómo debemos estar proclamando el Evangelio. Si no lo hacemos de esta manera, sólo vamos a producir más rebeldes que no son arrepentidos ni leales, sino exigentes y desobedientes.


Para un tratamiento exhaustivo de la razón por la cual la Iglesia está llena de falsos convertidos, te recomiendo que leas el libro The Way of the Master por Ray Comfort. También, querrás leer o escuchar dos de los mejores mensajes que hay acerca del evangelismo bíblico: Hell’s Best Kept Secret (también escrito en español bajo el título: Lo que el diablo no quiere que sepas, por Ray Comfort) y True and False Conversions. Puedes conseguir todo este material en el sitio web http://www.livingwaters.com/.

EL USO DE LA LEY

Todos nosotros tenemos que venir al Salvador de la misma manera, en arrepentimiento con un corazón humilde. Todos tenemos que venir a Jesús clamando por misericordia, no por regalos. Es por esto que Jesús usó los Diez Mandamientos con el hombre principal en Lucas 18.

Jesús le dio la Ley, no porque se le olvidó temporalmente cómo una persona llega a salvarse, sino para hacer humilde al hombre y mostrarle su necesidad desesperada de limpieza. Por lo tanto, si nosotros vamos a ser testigos fieles, debemos aprender de Jesús y testificar de la misma manera que Él. En resumen, la manera en que Jesús testificó fue esta:

La Ley para el soberbio y la gracia para el humilde.

Si una persona es verdaderamente humilde—en otras palabras, comprende que ha violado los Diez Mandamientos de Dios y que merece Su ira (el castigo)—entonces, dale la gracia (como Jesús lo hizo con el humilde Nicodemo en Juan 3:16). Pero si la persona es soberbia y orgullosa, y casi siempre la gente lo es, debemos usar la Ley (los Diez Mandamientos) para hacerla humilde. Este es el propósito de la Ley.


"De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe." Gálatas 3:24.

Charles Spurgeon dijo: “Ellos nunca aceptarán la gracia hasta que tiemblen ante una ley justa y perfecta”.


El Salmo 19:7 lo dice claramente: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. Pablo dijo: “Yo no conocí el pecado sino por la ley” (Romanos 7:7). Si una persona no comprende la pecaminosidad excesiva de su propio pecado, no comprenderá qué tan asombrosa es la gracia. Si nosotros creemos que sólo tenemos un poquito de pecado, igualmente tendremos un poquito de gracia. Pero cuando comprendamos lo grotescamente pecaminosos que somos—cuando nos demos cuenta de que hemos ofendido a Dios en pensamiento, palabra y hecho—sólo entonces caeremos a Sus pies en adoración porque “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

En vez de manipular a las personas para que vengan a Jesús prometiéndoles que su vida será mejor si sólo dicen una oración, debemos usar la ley como un ayo (un educador, un guía; Gálatas 3:24), para traerlos humildes a la cruz del Calvario donde podrán clamar por misericordia, y donde podrán recibirla por gracia.

Aquí están los cincos pasos (las cinco preguntas) para testificar como Jesús. Apréndelos de memoria y estarás equipado para testificar con confianza y traer a alguien al arrepentimiento de sus pecados y a la fe salvadora en el Señor Jesucristo.

Continúa: Manual para testificar (III): «Cómo empezar un encuentro para testificar»

12/12/10

MANUAL PARA TESTIFICAR (I): «CÓMO TESTIFICAR… COMO JESÚS LO HIZO»

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Si puedes recordar cinco preguntas, puedes guiar con confianza cualquier encuentro para testificar. Así es. Recuerda cinco preguntas principales y estarás en control de toda conversación que tengas acerca de tu fe. Imagina, sabrás exactamente dónde estás en una conversación y sabrás exactamente hacia dónde vas. No tienes que estudiar griego, no tienes que comprender de arqueología, sólo debes recordar cinco preguntas.

Antes de presentar las cinco preguntas, necesitamos estar de acuerdo en cuanto a cómo, cuando y por qué Dios salvará a un hombre o a una mujer. Aquí está una pista: Jesús dijo, “...el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. La pregunta de un millón de dólares es esta: “¿Qué quiere decir esto?”

Para nacer de nuevo, una persona tiene que morir. ¿Implica esto que alguien tiene que suicidarse para llegar a ser un cristiano? No, Jesús estaba hablando de un nuevo nacimiento espiritual. La próxima pregunta de un millón de dólares es esta: “¿Cómo es que uno muere para que Dios pueda hacerlo nacer de nuevo?”

Una persona tiene que morirse a sí misma. John MacArthur lo dice de esta manera:

"Seguir a Cristo no se trata ni de usted ni de mí. Ser un cristiano no tiene que ver con nosotros; no tiene que ver con nuestro autoestima. Se trata de estar harto de nuestro pecado y nuestra desesperación por el perdón. Se trata de ver a Cristo como el Salvador invaluable—el que salva del pecado, de la muerte y del infierno—para que entreguemos todo lo que tenemos que entregar. Aun si nos cuesta nuestras familias, nuestros matrimonios y cualquier otra cosa que apreciamos y poseemos.

Aun puede costarnos nuestras vidas como Jesús dijo en Lucas 9.24.

No puede ser más claro que eso. Si usted trata de aferrarse a sí mismo, a su plan, a su agenda, a su éxito, a su auto-estima o a cualquier pecado, Dios no le dará ni el perdón ni la vida eterna.

Entonces, ¿de veras quiere seguir a Jesús? Le costará absolutamente todo." [Del libro Hard to Believe (Difícil de creer) por John MacArthur; pp. 10-11.]

Si una persona llega al Salvador con cualquier otro motivo salvo un deseo de estar a cuentas con Dios, esta persona no está lista para ser salva. Dios no salvará a nadie que tiene orgullo.

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6.

Santiago sigue describiendo cómo debe verse la experiencia de la salvación:

“Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.” Santiago 4:9-10.

La última pregunta de un millón de dólares (esto está llegado a ser costoso) es: “¿Cómo testificamos a alguien y así llevarlo al punto donde sus pecados le dan asco y él clama: ‘¡Dios, tenga misericordia de mí, un pobre ser pecador!’?”

Esta debe ser nuestra meta de cada encuentro para testificar. Queremos ayudarle al hombre a entender que él es pecaminoso por naturaleza y que por esto merece la ira de Dios... para que cuando oiga acerca de la cruz, será agradecido por el sacrificio que Jesús hizo por él.

Recuerda, Dios resiste al soberbio pero da gracia al humilde. Así que, ¿cómo podemos ayudarle a alguien a ser humilde delante de Dios? Para esta respuesta importante, vamos a tener que examinar cómo el mismo Maestro, Jesucristo, testificaba a la gente.

Cuando hacemos esto, descubrimos que Jesús dio la Ley a los soberbios y la gracia a los humildes. Puesto que esto es lo que Jesús hacía, esto va a ser nuestro principio guía: La Ley para los soberbios, la gracia para los humildes. Veamos cómo Él hacía esto.

¿CÓMO TESTIFICABA JESÚS?

En Lucas 18:18-23, un hombre principal (un joven rico que gozaba de cierto privilegio en la sociedad de aquel entonces) se acercó a Jesús y le dijo, “Maestro Bueno”. Detengámonos aquí mismo.

Jesús respondió, “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios”. ¿Y eso qué quiere decir? ¿Alguna vez te lo has preguntado?

Jesús estaba corrigiendo a este joven rico en su definición de “bueno”. Proverbios 20:6 dice: “Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?” Habiendo entrevistado a miles de personas, hemos aprendido que la mayoría de la gente cree que es bastante buena… “comparados con fulano de tal”. Es por esto que Jesús quería corregir al joven en cuanto a su entendimiento de “bueno”.

En vez de compararte con un caudillo terrible (o aun con un vecino cochino), compárate con Dios. La pregunta no es cómo te comparas a Sadam Hussein, sino ¿cómo eres comparado con Dios?

Entonces, ¿cómo te comparas a ti mismo con Dios? Compárate con la representación perfecta del carácter de Dios, los Diez Mandamientos. Veamos a Jesús hacerlo.

Ahora, el hombre principal le hace a Jesús la pregunta que a la mayoría de nosotros nos gustaría escuchar: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?” ¡Bingo! Jesús tenía un pez deseoso de saltar directamente al bote. No hay mucho por qué preocuparnos aquí, ¿verdad? Tú y yo probablemente le habríamos dicho al joven rico, “Rápido, di una oración conmigo antes de que cambies de opinión. Pídele a Jesús que entre en tu corazón”.

Mira lo que Jesús dice en vez de eso. ¡Jesús le dijo que debería obedecer a los mandamientos! ¿Qué? ¿Estaba Jesús pasándola mal aquel día? Si hay alguien que sabe que es imposible guardar los mandamientos, es Jesús. Jesús vino a salvar al mundo porque nosotros no podemos guardar los mandamientos (ver Romanos 3:23). Entonces, ¿por qué Jesús le dio esa respuesta aparentemente equivocada? Continuemos con la historia.

El hombre principal respondió a Jesús, “Todo esto lo he guardado desde mi juventud.”. ¡Imagínate! Ese chico realmente creía que había cumplido con los mandamientos. ¿Sabes lo que reveló esto? Estás en lo cierto: la soberbia y el orgullo. (¿Recuerdas nuestro principio guía?) Entonces, Jesús cavó un poco más profundo. Jesús trató de revelar su orgullo usando la esencia de los primeros dos mandamientos. Cuando Jesús le mandó que vendiera todo lo que tenía para dárselo a los pobres, fue entonces cuando el hombre principal se quedó al descubierto. El hombre era culpable de amar al dinero más que a Dios. Sabemos esto porque la Biblia dice que “él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico”.

Jesús reveló que este hombre principal estaba lleno de orgullo y no era humilde. Si Jesús simplemente le hubiera dicho al hombre que dijera una oración, Él habría producido un falso convertido. El rico habría mantenido a su dinero como su dios y sus amigos cristianos constantemente habrían susurrado: “¿Por qué no se comportará más como un cristiano?”

¿Alguna vez te has hecho esta pregunta? ¿Te has preguntado por qué tantas personas en nuestras iglesias no se comportan como cristianos? ¿Por qué no leen su Biblia? ¿Por qué no sirven como voluntarios? ¿Por qué no ofrendan?

Continúa: Manual para testificar (II): «¿Por qué los “cristianos” no se comportan como cristianos?»

5/12/10

LA PESCA MILAGROSA



Lucas 5:1-11

¿Te gustaría ser pescador de hombres?

Cristo lo fue. Desde su nacimiento hasta su muerte, la persona de nuestro Señor Jesucristo ha atraído multitud de gente que escucha su palabra, para salvación personal.

Tenemos que reconocer entonces que en nuestros tiempos también se necesita una pesca milagrosa, porque la gente de hoy en día no quiere convertirse, no quiere salvarse, y no quiere dejar su estilo de vida acomodándose a sus pasiones y deseos carnales que batallan contra el alma. Aun cuando hemos echado las redes muchas veces en el mismo lugar, de diferentes formas, y hasta haciendo nuestros mejores esfuerzos, sin obtener grandes resultados.

Necesitamos que Dios siga haciendo milagros trayendo los peces a la red, así como lo hizo con nosotros cuando fuimos salvos. Porque el haber llegado la salvación a nuestras vidas, es verdaderamente un hermoso milagro de parte de Dios.

Es Dios quien traerá las almas a Cristo, no nosotros, el mérito no es nuestro, solo somos instrumentos en las manos de Dios.

Juan 17:6-7 dice: "He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti."

Entonces es Dios quién trae las almas a los pies de Cristo.

El pueblo cristiano solo tiene que cumplir con la gran encomienda de ir y predicar el evangelio, con la certeza de que sirviendo como instrumentos de Dios, esos peces que aun se encuentran en el mar, vendrán a las redes para ser salvos.

PARA GANAR ALMAS:

I.- IR HASTA ELLAS.

Cristo le dice: "Boga mar adentro" (vers. 4).

Aun cuando pescaron toda la noche y no pescaron nada, recibieron la orden de ir mas allá.

Quizás nosotros también ya hemos tirado la red muchísimas veces y no conseguimos pescar almas, pero Cristo dice: “Vayan mas allá” ese “mar adentro” significa; Ir más allá de las orillas, Ir más allá del mismo pueblo, significa Ir mucho más allá de lo que pensamos que son nuestros alcances, y significa también que tenemos que ir directamente a las personas y presentarles el plan de salvación.

Basta ya de buscar pretextos para evitar ir a predicar la palabra de Dios, y de buscar múltiples maneras que suplan nuestra obligación como cristianos, como promover propaganda impresa y discursos televisivos que muchas de las veces lo único que logran es confundir a la gente para poder hacer un buen reflexionamiento sobre su condición de pecadores y su gran necesidad de un Salvador que es Cristo el Señor.

Tenemos que hacerlo de manera personal, y al ir, debemos hacerlo con un objetivo bien definido, con un corazón dispuesto, y con todo el amor que Cristo nos enseña por las almas perdidas, dispuestos a todo, porque la meta por la cual nos metemos mar adentro, es la de ganar almas.

¿Cuál es la meta que se ha formado usted que ya es salvo, que ya ha sido limpiado, que ya ha sido redimido con la sangre preciosa de Cristo? ¿Es usted uno más del montón de cristianos que dan más prioridad a sus asuntos particulares o seculares, dejando de lado su principal encomienda que es la de ir por todo lugar compartiendo y sembrando la preciosa semilla? ¿Tan pronto nos olvidamos del gran entusiasmo que una vez mostramos cuando por primera vez experimentamos la luz de salvación en nuestras vidas?

No debemos conformarnos con la asistencia a la iglesia que a veces cumplimos como mero compromiso solo porque ya somos cristianos y la gente puede murmurar porque no nos congregamos.

¿O es usted de aquellos que quieren pasar desapercibidos porque el círculo de amistades sociales con los que se relaciona ignoran que es cristiano y que se congrega en un templo para adorar el nombre de Dios, y de ninguna manera se atreve a caminar por las calles evangelizando personas, repartiendo literatura bíblica, porque tiene temor a quedar en ridículo o vergüenza y exponiéndose a quedar sin amistades solo por ser creyente?

Si alguna de estas suposiciones se acomoda a su estilo de vida hoy en día, aun siendo cristiano, solo recuerde que delante de Dios no habra excusa válida para rendir cuentas en aquel día, y que irremediablemente estaremos ante el Tribunal de Cristo, siendo juzgados por nuestras obras como hijos de Dios. Porque su palabra dice que recibiremos recompensa por lo que hayamos hecho en esta tierra, sea bueno, o sea malo. Pero sobre todo no olvidemos, que mientras estamos en este cuerpo y en esta tierra, lo que sembremos, eso también segaremos.

La actitud del creyente puede adoptar muchas formas, de acuerdo a los contextos en los que vive, y cuando no se adquiere una madurez espiritual firme, es muy fácil caer en errores y prácticas que solo agradan a Satanás y que nos alejan más de Dios porque nuestras prioridades están centradas en las cosas de este mundo.

Un cristiano genuino y agradecido con Dios por la salvación de su alma, lo debe llevar a fijarse objetivos claros y precisos de querer compartir el evangelio con aquellas personas que no conocen aun de Cristo, fijarse la meta que Cristo se fijó cuando quiso dejar su gloria y su reino por amor a nosotros.

II.- QUITAR LA INCREDULIDAD

Verso 5: "Respondiendo Simón le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado."

¿Podemos llevar la cuenta de los miles de pretextos que ponemos a diario para ir en busca de las almas porque estamos siendo presas de la incredulidad? ¿Podremos ennumerarlos?

• “Ya hemos ido allá muchas veces.
• “ A esa persona siempre le estamos hablando del evangelio”.
• “ La iglesia siempre está haciendo Campañas Evangelísticas y no hay resultados”.
• Qué caso tiene hablarles si son personas que nunca entienden?

En la vida del cristiano jamás debe haber lugar para la incredulidad, porque conocemos la promesa de Dios que su palabra no volverá vacía, y si bien pueden pasar días, meses, quizás años, la semilla germinará. Por lo tanto con esa seguridad debemos cumplir con nuestro deber, creyendo que es Dios quién va a traer las almas para ser salvas. El trabajo del cristiano solo es ir, y tirar la red.

Es tiempo de hacer a un lado el desánimo, el desinterés, y mostrar el amor de Cristo en nuestros corazones hacia el prójimo. No antepongamos jucios sobre posibles resultados que no nos corresponden porque quién hace el trabajo final en el corazón de las personas es el Espíritu Santo.

La incredulidad es pecado y nunca será buena compañera, nos hace estériles y sin fruto.

III.- RECAPACITAR Y ECHAR LAS REDES EN EL NOMBRE DE JESÚS.

¿Dónde está la clave? En la oración.

Cuando el cristiano sale al campo de batalla, ya debe ir preparado anticipadamente, para tirar las redes al mar. Debe antes orar, ayunar y leer la escritura como previa actividad antes de ir a pescar almas, con la disposición total sabiendo que va con toda autoridad de parte de Dios, y aun el mismo diablo la respeta porque no vamos en nombre de ningún método, sino en el nombre de Jesús.

Muchas iglesias están vacias, ¿Por qué?, La respuesta es simple. Porque no hay quien vaya mar adentro, porque no hay obreros que estén dispuestos a ir a predicar corriendo riesgos, pasando por pruebas, tribulaciones, por el nombre de Cristo.

Es mucho más fácil seguir en las ocupaciones materiales que en las espirituales, y por ello nos vemos impedidos para buscar más y más de Dios.

Es tiempo de reflexión:

Dados los tiempos que vivimos, resulta conveniente preocuparnos más por los afanes seculares que por el principal propósito con que Cristo nos salvó? ¿Habrá en realidad una excusa válida como para no ir en busca de las almas perdidas?

No la hay, pero contrariamente si hay castigo o consecuencias para quién no lo hace. Reconsideremos y evaluemos nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios. Y si hay algo que impide una buena comunión para con el Padre, ajustemos cuentas y boguemos mar adentro, tiremos esas redes que aun hay muchos peces que están a merced del enemigo y a punto de perder su alma y su vida en el infierno.

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén." (Mateo 28:19-20).

Que Dios nuestro Señor nos dé de su gracia para tener voluntad de ir y predicar el evangelio a toda criatura…

Dios les bendiga.

28/11/10

TRES TEMORES EN EL EVANGELISMO




Leí en cierta parte la estadística de que la mayoría de los cristianos mueren sin haber compartido su testimonio personal con ni siquiera una sola persona. No estoy seguro de qué tan preciso sea el dato, quizás el número es más, quizás es menos, lo cierto es que refleja una realidad, y es que los discípulos de Cristo en este tiempo hemos dejado de ser agentes activos de su causa para asumir un rol reflexivo: nuestra principal preocupación no está en el alcance, sino en el crecimiento; un gran malentendido en cuanto a la madurez espiritual. No quiero quedarme solamente en la descripción del problema, por lo que con cada una de los tres temores al momento de compartir nuestro testimonio que compartiré, ofrezco también un intento de solución.

Hasta hace poco tiempo también yo me escondía para no asumir un papel más agresivo en la proclamación del evangelio, utilizaba la excusa del ejemplo, que a grandes rasgos es la siguiente: yo no ando exprimiéndole a las personas mi fe en los ojos como un limón, como el del megáfono, que se para en la cabeza del puente a predicar, o la señora violenta que distribuye tratados en el autobús mirando mal a los pasajeros. Yo vivo delante de ellos dando ejemplo con mi vida y espero que ellos, cuando Dios los toque, me pregunten. La realidad es que mi vida ni es tan buena como para dar ejemplo ni fueron muchas las personas que vinieron a mí en busca de Cristo últimamente. Y por otro lado, si la razón es el megáfono o el tratado, hay formas más prudentes y respetuosas de compartir nuestro testimonio con los no creyentes. Por ejemplo: invitándolos a la iglesia o compartiendo con ellos, en el momento apropiado, la forma en que llegamos a Cristo, que es nuestro testimonio personal.

He encontrado tres razones principales por las cuales la estadística que mencioné se hace real en nuestras iglesias, les llamo los tres temores: temor al rechazo, temor al fracaso y temor al compromiso.

Razón #1:

Temor al rechazo. Uno de los bienes más preciados de una persona es su reputación. El proyecto de vida del hombre natural es construirla: llegar a ser admirado, llegar a ser respetado, llegar a ser estimado, llegar a ser incluido. Como valoramos tanto lo que hemos logrado llegar a ser, no queremos ponerlo en riesgo. Por eso, evitamos exponernos al rechazo de la gente compartiendo nuestro testimonio.

Solución: Estima tu reputación por pérdida. Lo que le permitió a Pablo compartir su testimonio personal con tantas personas, en tantos entornos y contextos distintos, es que después de conocer a Cristo tuvo en poco todo lo que antes había construido. Su linaje, su trayectoria y su prestigio, ante el incomparable valor del conocimiento de Cristo, los consideraba estiércol. Para Pablo, después de conocer a Cristo, su reputación y todo aquello que los incrédulos pudieran pensar sobre él, llegó a ser nada. Eso era para Pablo su reputación. Quizás por eso predicaba con tanto denuedo.

Razón #2

Temor a fracasar. Luego del temor a ser rechazados, el siguiente temor más común que encuentro en mis hermanos cuanto tienen que compartir su testimonio con los incrédulos es el temor a fracasar en el intento. Ya que nos han vendido el evangelismo como un pleito o una guerra en la cual el objetivo es ganar a toda costa, aunque sea manipulando o utilizando la fuerza, si el enemigo de turno no se convierte —haciendo la oración del pecador— entonces nos sentimos fracasados y frustrados.

Solución: piénsate como un testigo y actúa como tal. En un juzgado está el abogado, cuya función es acusar o defender a la persona en cuestión. Pero para lograr su objetivo, el abogado se auxilia de testigos que presenta en el estrado con un sólo objetivo: que expresar aquello que vieron, oyeron o vivieron. Un testigo no tiene que elaborar complicados argumentos o estrategias para ganar el caso, pues esa es precisamente la función del abogado, su única aportación es decir públicamente su testimonio. Así como algunos casos que no se resuelven en un día, y para otros se requiere más de un testigo, no debemos sentirnos fracasados cuando nuestros amigos tengan en poco nuestro testimonio o no sean convencidos de pecado, pues esa no es nuestra responsabilidad, sino la del Espíritu Santo. Nuestra labor no es ganar el caso, sino sólo aportar nuestro testimonio. La única manera en que un testigo fracasa es quedándose callado.

Razón #3

Temor al compromiso. Ya venciste el temor al rechazo al estimar por pérdida —usen aquí el término que les recomendé arriba— lo que para ti era ganancia, luego venciste el temor al fracaso comprendiendo que tu labor no es ganar el caso, sino sólo proclamar públicamente lo que viste, oíste o viviste; ahora, el último paso es madurar, dejar de pensar en ti y aceptar el compromiso de atender a otros. Esta es una de las razones más poderosas para no invitar un amigo a la iglesia: si el amigo es alcanzado por Dios y añadido a su familia, habremos parido un hijo espiritual: requerirá nuestras atenciones, nos hará muchas preguntas y nos tendrá a nosotros como su principal ejemplo.

Solución: Quiero concatenar este punto, a modo de conclusión, con la introducción de arriba, el malentendido sobre la madurez que mencioné. Madurar no es haber vivido mucho ni haber alcanzado mucho conocimiento, sino llegar a tener responsabilidad por otros. Un hombre maduro es aquel que cuando camina lo hacen con cuidado, pues sus hijos siguen sus pasos, aquel que al comer se quita el pan de la boca para alimentar a los suyos, aquel que cambia su ruta y su agenda acostumbrada para dejar y recoger a sus pequeños en el colegio.Un Cristiano maduro es aquel que está en condiciones de reproducirse, que comparte su testimonio con sus amigos, sus vecinos, sus compañeros de trabajo y sus familiares pues no tiene temor alguno a que ellos sigan su ejemplo, busquen en él alimentos o los recoja en sus casas para llevarlos a la iglesia. Me entristece pensar que puede ser verdad, pero quizás una de las razones por las que los cristianos no invitan más sus amigos a la iglesia es porque no quieren transportarlos.